¿TODO SEGUIRÁ IGUAL?

Lorenzo Vilches

Este artículo será publicado en breve, en Browne, Rodrigo y Del Valle, Carlos (2020): COVID 19. La comunicación en tiempos de pandemia. Temuco (Chile). UFRO ed.

 

¿Será el Covid19 la oportunidad para cambiar las cosas que no funcionan? ¿Deberemos esperar otra pandemia o un Chernóbil global para cambiar las cosas? Son preguntas que expertos y legos se hacen hoy en el día a día de las noticias que nos llegan sobre las diferentes crisis económicas y sociales que sobrevendrán durante y la pospandemia.

Entre las deficiencias estructurales que esta pandemia está dejando dramáticamente al descubierto se halla el sistema educativo que ha tenido que enfrentarse al cierre de escuelas, colegios y universidades. El parón de la actividad humana por el confinamiento generalizado ha llevado a primera página las debilidades del sistema educativo edificado sobre pilares que se han demostrado obsoletos frente a una crisis mundial como la que nos afecta en estos momentos. Y ha mostrado una evidencia,  la necesidad de recurrir a las tecnologías digitales como alternativa de la educación presencial. Por cierto, llamamos tecnologías digitales y no nuevas tecnologías a una migración digital que ya está disponible desde hace por lo menos 30 años.

Una directiva de una gran firma norteamericana contaba que el teletrabajo se había introducido eficazmente en todas las áreas de su empresa. Pero que la dirección había considerado muy importante el verse las caras presencialmente por lo que se había fijado un día de reunión física a la semana. Así que ella cogía su automóvil el día fijado y llegaba a su empresa después de dos horas y media de viaje. La reunión cara a cara duraba una hora. Luego repartía para volver a casa después de viajar otras dos horas y media. Una jornada entera empleada para una reunión que podía haberse realizado vía telemática.

El confinamiento generalizado ha puesto sobre el tapete la necesidad de la enseñanza vía telemática. Se trata de una demanda educativa y social que se ha presentado de golpe en todos los países, sin dejar más tiempo para dudas ni elusión de responsabilidades ante  la urgencia de su implementación.

El coronavirus podría alargar su efecto más allá de los próximos meses. En el futuro no pueden descartarse nuevas crisis que obliguen a cambiar temporalmente y de forma radical nuestro estilo de vida y nuestras rutinas de trabajo y enseñanza. Pero también porque el sistema actual de costes y derroche de recursos no puede permitir más postergaciones.

Más allá de la urgencia puntual de estos días, los costes de la educación son enormes y seguirán amentando con la demanda sostenida de acceso universal a la educación. El sistema actual de la educación requiere grandes inversiones en infraestructuras y servicios, formidables movimientos de recursos técnicos y humanos y que suponen un esfuerzo que los Estados ni las familias podrán permitirse a largo plazo.

La construcción y mantenimiento de los edificios que albergan las actividades de enseñanza e investigación requieren ingentes costes que se

ven aumentados con las exigencias de sostenibilidad ambiental actuales. Se hace cada vez más urgente dotar a los centros de los servicios mínimos de habitabilidad, ergonomía y funcionalidad. Por no hablar de la necesidad de dotaciones de laboratorios y bibliotecas adecuados para la investigación.

Los docentes y los investigadores están mal pagados en casi todo el mundo, salvo alguna excepción. Liberar recursos económicos de grandes inversiones de infraestructuras podría servir para mejorar notablemente la política de emolumentos de docentes e investigadores. Así como destinar nuevos recursos para becas, intercambios internacionales, bibliotecas y  dotaciones científicas.

El coste del transporte diario y masivo  de estudiantes supone otra gran inversión pública y privada, y una carga excesiva para las familias que deben asegurar la presencia de sus hijos en los centros educativos durante 10 o más meses al año. Pero el coste en horas y el estrés diario por el tráfico intenso de las ciudades o por las distancias que han de recorrer los estudiantes de zonas distantes de los centros de estudio, es otra carga a soportar durante todo el período de los estudios. Por no hablar de los costes de alquiler de viviendas o residencias de los docentes y estudiantes provenientes de zonas y ciudades sin universidades.

El sistema educativo actual es insostenible por mucho tiempo más. Los hechos recientes debieran bastar para pensar en la necesidad urgente de implementar un nuevo sistema educacional basado en los recursos digitales como importante alternativa de la enseñanza tradicional. Entretanto, el discurso sobre la brecha digital ha sido un pretexto para no tomar decisiones que no tienen que ver con las tecnologías sino con el acceso universal de los ciudadanos a la educación. Y para ello, las becas y las ayudas sociales a las familias sin recursos debe hacer parte de la hoja de ruta de todos los gobiernos.

Además de los costes económicos ¿cuánto vale el más importante de todos los factores: el aprovechamiento y los resultados de los recursos de profesores y estudiantes.?

En primer lugar, los medios de enseñanza. Está por demostrar que una clase presencial, salvo en las materias prácticas, esté mejor aprovechada que la lectura de un libro (en papel o en pantalla) o la exposición personalizada de una clase virtual con todo tipo de apoyo informático interactivo de fuentes y enlaces on line.

Las instalaciones y dotaciones para el estudio, como las bibliotecas, son espacios privilegiados que en muchos lugares están infrautilizados enrelación con su oferta. Es un hecho que muchos estudiantes usan  las bibliotecas como espacio de estudio y acceso a  las redes digitales. Mientras, aumentan en forma exponencial los recursos on line de revistas especializadas internacionales y libros en formato digital. Actualmente ya existen millones de artículos  y contenidos didácticos gratis en Internet. Dentro de unos años la disponibilidad de bibliotecas virtuales será universal gracias a las inversiones de los Estados y la aportación privada.

Los estudiantes podrán obtener la docencia con clases virtuales, ahorrarse el desplazamiento diario al centro educativo con la consiguiente economía de tiempo para invertirlo en su formación personal, la confección de trabajos y las reuniones o seminarios con sus compañeros de estudio.

La presencia física, “el contacto con la gente”, en la universidad no va a desaparecer. El tiempo destinado a las clases presenciales se convertirá en tiempo útil pero deslocalizado para recibir los contenidos en forma personalizada en la computadora o móvil y para asistir a seminarios sectoriales, a laboratorios de prácticas con la guía del profesor, o para acudir a las entrevistas tutoriales con sus profesores. Lo cual redundará en una mejor y personal administración del tiempo  restante para trabajar, dedicarse a una actividad extra como el deporte, la música, la creación audiovisual, el ocio, … o actividades de solidaridad en su comunidad.

Un profesor que desempeña su docencia en turnos diurnos y vespertinos debe, con frecuencia más habitual que la creemos, repetir  la misma materia en ambos cursos. En cambio, ese tiempo repetitivo es tiempo que puede emplearse en su formación, la investigación o la atención personalizada a los alumnos. Un profesor de baja médica, o por ausencias de investigación por desplazamiento a otra ciudad, no necesita ser reemplazado por otro docente puesto que sus clases pueden estar programadas y grabadas con anterioridad. Incluso se puede preguntar o responder a cuestiones puntuales desde cualquier lugar gracias a nuestros portátiles. La universidad es algo más que dar y recibir clases.

Ustedes dirán: todo eso ya lo sabemos. ¿Entonces estamos de acuerdo en que así están las cosas y que podrían ser de otra manera? Con una pregunta semejante despedía yo en mi conferencia de clausura  de un lejano  Congreso de ALAIC 2002  en Santa Cruz de Bolivia, cuyo tema era el mismo de este artículo. Desde entonces hasta ahora, en Latinoamérica y en España han soplado verdaderos huracanes de cuestionamiento del papel de la Universidad en el mundo de hoy. Las universidades han resistido hasta aquí, y en forma desigual a los embates económicos y políticos y todo tipo de ciclogénesis explosivas que desestabilizan su función en la sociedad de la globalización.

¿Cuánto tiempo más podrán resistir las universidades confinadas en un modelo de enseñanza a todas luces obsoleto y de incierta sostenibilidad?

Ante el coronavirus, no hay ninguna medida práctica que podamos aprender de la experiencia anterior, pero sí que hay lecciones útiles al respecto de cosas que debemos cambiar.

 

APOSTILLA AL NOMBRE DE LA ROSA

A comienzos de 1984 Umberto Eco nos entregó el manuscrito en italiano de APOSTILLA AL NOMBRE DE LA ROSA  para su publicación en la revista ANALISI del Departamento de Teoría de la comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. El artículo se publicó en mayo del mismo año en un número especial dedicado a las series.

En el enlace se puede leer íntegramente el artículo en facsímil:

https://www.raco.cat/index.php/Analisi/article/view/41264/88267

CINE DE MÉDICOS Y ENFERMERAS

Artículo de Pedro Cano (†), Catedrático  de Clásicas/ Salvador Rofes, Médico,

publicado en DICTIONARIO DE TEORÍAS NARRATIVAS

(Lorenzo Vilches. Caligrama/Penguin Random House . 2017/2018)

 

 

        

 Médicos. Ya en los Estados Unidos de la gran depresión tuvo éxito Symphony of Six Million (La melodía de la vida) (1932) de Gregory La Cava con la historia de un joven doctor, su buena fe, su desviación hacia la medicina privada y elitista y el retorno a su gente. No mucho después, King Vidor trasladó a imágenes la novela de A. J. Cronin, La ciudadela (1938). Su protagonista también se movía entre la vocación social y la tentación elitista. De la época data el personaje del Dr. Kildare (entre 1937 y 1942) en hasta diez películas cuya saga inició Los internos no cobran (1937, de A.Santell). Con la Segunda Guerra Mundial, la filmografía bélica incorpora médicos y hospitales a sus tramas, aunque el hospital de campaña por excelencia sería M.A.S.H. (1970), de R. Altman.  Antes, en Un rayo de luz (1950) un interno afroamericano mostraba la dificultad de las minorías para seguir su carrera. S. Kramer reformuló el cine “de médicos” en No serás un extraño (1955), según la novela de M. Thompson. Los hospitales —antiguos y modernos, de alta tecnología o de cuidados

básicos— componen los escenarios: aulas o habitaciones, despachos o quirófanos, salas de urgencia. Hombres que dejan huella, de D. Swift (1962) seguía la tendencia, e incorporaba una tímida subtrama sobre el aborto, un asunto que no se afrontaría con dureza hasta Las normas de la casa de la sidra (de Lars Hallström, 1999). En Los nuevos internos (John Rich, 1964), se insinuaban las relaciones entre los médicos y las compañías farmacéuticas. Se avanzaba además la presencia de la gestión hospitalaria, que iba a centrar la trama de Anatomía de un Hospital (1971) de A. Hiller, y cuyo origen histórico se había glosado en El hombre que supo amar (1978) de M. Picazo, sobre la vida de San Juan de Dios (1495-1550), diseñador de un entonces nuevo concepto de la sanidad. Habrá de pasar medio siglo para que (La fille de Brest) (La Dra. de Brest) (2016) de E. Bercot, descubra sin ambages los riesgos de los medicamentos y la influencia de las compañías farmacéuticas sobre médicos y políticos. Con Barbarroja (1965), A. Kurosawa encuadra un tipo de medicina hospitalaria rural y marginada, mediante la evolución del joven Dr. Yasumoto que por voluntad expresa de su padre inicia su formación en una clínica de asistencia gratuita, donde dirige y ejerce el Dr. Niide (T. Mifune). El novato, pasa del rechazo a la admiración, de la ambición al altruismo. Y decide quedarse allí. Kurosawa añadía, a los tópicos ya creados, las secuelas del maltrato, la vejez y la atención a los moribundos. En 1991, Doc Hollywood de M. Caton-Jones imita Barbarroja y parte de No serás un extraño en

 

 

 

 

tono de comedia amable. Los límites de la ética hospitalaria se reflejan en Hipócrates (2015) de Th. Lilti, que muestra de forma realista a un residente en formación que, cuando se equivoca, debe escoger entre afrontar su responsabilidad o echar tierra al asunto por las influencias que le protegen. Coma (1978) de Michael Crichton aborda los avances de la medicina en forma de thriller sobre la entonces técnica incipiente de los trasplantes y los límites éticos que exigen. Trasplantes a parte, la duda ética creó escuela y ha ocasionado películas de intriga como Extreme Measures (Al cruzar el límite) (1996) de M. Apted, o Anatomie (2000) de S. Ruzowitzky. Un tema que algo le debe a la novela La isla del Dr. Moreau, de H. G. Wells, y sus varias adaptaciones al cine. Entre las más destacadas, la versión de E. C. Kenton (1933) con Ch. Laughton; la de D. Taylor (1977) con Burt Lancaster; y la de J. Frankenheimer (1996) con Marlon Brando. En torno a la ética profesional, flota en muchas películas el tema de la soberbia médica, tratado con sensibilidad en The doctor (1991) de R. Haines, con su protagonista en situación de paciente.

 

Enfermeras. Tal vez la más adusta de las enfermeras sigue siendo la señora Ratched —Louise Fletcher— de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) de Milos Forman, con permiso de la muy perturbada Annie Wilkes —Kathy Bates— que torturaba al novelista de Misery (1990, de R. Reiner). No obstante, el personaje histórico de Florence Nightingale, fundadora del primer cuerpo de enfermeras, fue documentado en un trabajo de la de la BBC (2008), sobre la primera enfermera seglar de la historia, que repasa buena parte de lo que se sabe de ella, a partir de sus propios recuerdos. Abundan versiones de su vida, como El ángel blanco (1936) de W. Dieterle, La dama de la lámpara (1951) de H. Wilcox, que ya había dirigido la biografía de otra heroica enfermera, La enfermera Edith Cavell (1939), ambas con la misma actriz: Anna Neagle. Solo en las últimas décadas se presta cierta atención a la figura del enfermero. Al límite (1999) de M. Scorsese sigue durante tres días los esfuerzos de un atormentado paramédico, conductor de ambulancias; y el enfermero protagonista de Los padres de ella (2000, de J. Roach), y sus secuelas, debe afrontar el tono de superioridad machista que usan con él los amigos médicos de su suegro. Sin apenas presencia de

médicos, en Hable con ella (2002, de P. Almodóvar), Benigno, un enfermero, atiende pacientes en estado de coma. Las monjas hospitalarias constituyen también una sólida fuente argumental, de donde han salido obras destacadas como Narciso Negro (1947, de M. Powell y E. Pressburger, Ana (1951) de A. Lattuada, o Historia de una monja (1959) de F. Zinnemann. La enfermera de campaña se inmortalizó tras la obra de Hemingway, Adiós a las armas, en obras notables. Así las versiones de Fr. Borzage (1932); Ch. Vidor (1957); R. Attenborough (1996). El naturalismo trágico de las guerras, no obstante, se alcanza de forma definitiva en films como Johnny got his gun (Johnny cogió su fusil) (1971) de D. Trumbo o The English Patient (El paciente inglés) (1996) de A. Minghella, que comparten lo contradictorio de organizar la muerte sistemática y contar con la sanidad para arreglar los resultados.

Enfermedades. La enfermedad funciona en muchas películas como motor argumental y las epidemias constituyen un fatum trágico y el reto que deben asumir los investigadores. Contagion, 2011 de St. Soderbergh relata la expansión veloz de un virus ficticio, que representa el origen, desarrollo, investigación y eventual solución de una epidemia. El sida tuvo la historia de sus orígenes en And the band played on (En el filo de la duda) (1993) de R. Spottiswoode, y

 

generó obras notables como Longtime companion (Compañeros inseparables) (1990) de N. René; It’s my party (Fiesta de despedida) (1996) de R. Kleiser o Peter’s Friends (Los amigos de Peter) (1992) de K. Branagh. Representaban la destrucción de una cierta sociedad por una catástrofe inesperada (Compañeros…), el suicidio asistido para evitar un final patético (Fiesta…) y, por fin, la asunción resignada de una enfermedad que condicionaría el resto de sus vidas (Los amigos…). Philadelphia (1993) de J. Demme abordaba los derechos de los enfermos. Les nuits fauves (Las noches salvajes) (1992) de Cyril Collard y Les témoins (Los testigos) (2007) de André Téchiné, trasladaban a Francia la evolución del mal y su influencia sobre la relación entre las personas. La tuberculosis –virtualmente superada hoy – ha quedado en el cine asociada a un halo romántico que va desde las mil versiones de La dama de las Camelias de Alejandro Dumas, cuyo imagen más famosa sigue siendo la de Greta Garbo en la versión de Georges Cukor (1936), hasta la serie de títulos que tratan el famoso duelo en O. K. Corral de Tombstone entre los hermanos Earp y los Clanton, donde destaca el personaje de Doc Holliday, médico tuberculoso, intelectual y pistolero: La pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946) de J. Ford; Duelo de titanes (Gunfight at the O.K.Corral, 1957) de J. Sturges; Tombstone (1993, de G. P. Cosmatos). Molière (A. Mnouchkine, 1978) o el cineasta Jean Vigo Vigo. Passion for Life,(1998) de Julien Temple, ilustraron también la creatividad y las ansias de vivir que la tradición literaria atribuye a estos enfermos. La residencia en sanatorios ha inspirado melodramas clásicos como El otro amor (1947, de A. de Toth); El sanatorio en El torbellino de la vida (1950) de H.French; o tragedias sombrías: El mar (2000), de A. Villaronga. Documentales a parte, Pasteur (1935) de Sacha Guitry, o Dr. Ehrlich’s Magic Bullet (La Bala

 

 

mágica del Dr. Ehrlich) (1940) de W. Dieterle, habían ensayado biografías sobre los investigadores de las enfermedades infectocontagiosas. La sífilis toma un papel esencial en muchas películas biográficas como El libertino (2005, de L. Dunmore) sobre John Wilmot, conde de Rochester; Más allá del bien y del mal (1977, de Liliana Cavani), sobre Frederick Nietzsche; Memorias de África (1985, de S. Pollack) sobre Karen Blixen, autora de la novela original bajo el seudónimo de Isak Dinesen, contagiada por su marido; Duelo silencioso (1949, de A. Kurosawa), donde un médico se infesta de sífilis en un hospital de campaña. También la rabia: El mal (1966) de G. Gazcón; la peste; Pánico en las calles (Panic in the Streets, 1950) de E. Kazan; el cólera: El velo pintado (1934, 1957, 2006…); la lepra: Molokai (1959, de L. Lucía), Braveheart (1995) de M. Gibson, Kingdom of Heaven (El reino de los cielos) (2005) de R. Scott.

         Trasplantes. Los trasplantes eran solo un tema de terror o ciencia ficción hasta hace un par de décadas. Pueden considerarse precedentes las numerosas películas de Frankenstein sobre la idea de Mary Shelley entre la versión de J. Whale (1931) y la de Kenneth Branagh (1994). Los realizadores tienden a enfocar los trasplantes de modo referencial. El corazón sugiere una tensión emocional: Todo sobre mi madre (1999 de Almodóvar) o 21 gramos (2003, de A. González Iñárritu), por más que ha dado lugar a películas de acción como Deuda de sangre (1995) de Clint Eastwood o John Q. (2002) de Nick Cassavetes), que plantea además la tentación de saltarse los turnos de espera, como Inhale (2010 de B. Kormákur), donde un fiscal está dispuesto a jugarse la carrera por el pulmón que necesita su hija y tal vez no llegue a tiempo. La médula ósea sugiere una responsabilidad afectiva familiar: Medidas desesperadas (1998, de Barbet Schroeder), In love we trust (2007, de W. Xiaoshuai) Un cuento de Navidad (2008, Fr., de Arnaud Desplechin) o La decisión de Anne (EE. UU., 2009). El riñón puede suponer los mismos valores emocionales que corazón o médula. Así, Magnolias de acero (1987, de Herbert Ross). No obstante, los órganos que pueden ser extraídos de personas vivas, inspiran numerosos thrillers y cintas de terror, como Sympathy for Mr. Vengeance (2002, de P. Chan-wook). G.Franju creó en Ojos sin rostro (1959) una original premonición en clave de cine de terror psicológico sobre los trasplantes de cara, y fue referencia confesa de La piel que habito (2011, de Almodóvar). Por fin, Kazuo Ishiguro, con su novela Nunca me abandones, inspiró

 

 

Never let me go (2011, de M. Romanek). Con el antecedente directo de Coma (Cfr. supra), se aborda una distopía con “granjas humanas” para la provisión de órganos.

          La muerte. Una enfermedad terminal desata las ganas de morir con dignidad. En Empieza el espectáculo (All that Jazz, 1979, de B. Fosse), su protagonista trabaja sin descanso a la espera del infarto definitivo. Incluso, si la tragedia es vivir, se lucha para que acabe. Así se plantea en Mar adentro (2004, de A. Amenábar). El funcionario diagnosticado de cáncer de Vivir (J., 1952 de A: Kurosawa), necesita dejar una obra que justifique su presencia en el mundo; la protagonista de La habitación de Marvin (Marvin’s Room, 1996, de J. Zaks) asume su leucemia, pero recupera a su familia; el de Mi vida (My Life, de B. J. Rubin) se grabará en vídeo para comunicarse con el hijo que tal vez no vea nacer; la de Mi vida sin mí (2002, E., de I. Coixet) le busca a su marido una compañera que cubra la ausencia en su momento. El idealista moribundo de Las invasiones bárbaras (2003, de Denys Arcand), morirá en una realidad virtual que le haga creer que no ha perdido su tiempo. Planta cuarta (2003, de A. Mercero) muestra la capacidad de los niños de enfrentarse a su muerte y Amar la vida (Wit, 2001, de Mike Nichols) acompaña en la soledad de un hospital la agonía de una intelectual.

          Series. Personajes y argumentos enmarcados en la vida hospitalaria han provisto las series televisivas de más éxito. Hospital general (estrenada en 1963) – el clásico de TV por excelencia – en competencia permanente con Urgencias (1994-2009), y ganó a Dr. Kildare (1961-66), The Doctors (1963-1982), St. Elsewhere (1982-88) y al Dr. Marcus Welby (1969-1976), entre otras, mucho antes de que el Dr. House (2004-2012) sustituyera el código ético por el relativismo moral o el paternalismo, por el desafío a la muerte. Hospital Central (2000-2012), Pulseres vermelles (2011-2013, en Televisión de Catalunya), Médico de familia (1995-1999), Diario de una doctora (Männer sind die beste Medizin, 2008-2011), etc. siguen la línea en muchos países.

LA EMERGENCIA VIRAL

Byung-Chul Han

La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín

Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras

ELPAÍS

22-03-2020

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden conseguir billetes de vuelo para China o Corea.

Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía. El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la pandemia.

Las ventajas de Asia

En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas.

Varios ciudadanos, todos ellos con mascarilla, hacen cola para coger el autobús el pasado 20 de marzo en Pekín.Kevin Frayer / Getty Images

La conciencia crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente. Apenas se habla ya de protección de datos, incluso en Estados liberales como Japón y Corea. Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos. Entre tanto China ha introducido un sistema de crédito social inimaginable para los europeos, que permite una valoración o una evaluación exhaustiva de los ciudadanos- En China no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos. Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa. Por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es posible esta vigilancia social porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades. Prácticamente no existe la protección de datos. En el vocabulario de los chinos no aparece el término “esfera privada”.

En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar de la cámara de vigilancia. Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos.

Toda la infraestructura para la vigilancia digital ha resultado ser ahora sumamente eficaz para contener la epidemia. Cuando alguien sale de la estación de Pekín es captado automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es preocupante todas las personas que iban sentadas en el mismo vagón reciben una notificación en sus teléfonos móviles. No en vano el sistema sabe quién iba sentado dónde en el tren. Las redes sociales cuentan que incluso se están usando drones para controlar las cuarentenas. Si uno rompe clandestinamente la cuarentena un dron se dirige volando a él y le ordena regresar a su vivienda. Quizá incluso le imprima una multa y se la deje caer volando, quién sabe. Una situación que para los europeos sería distópica, pero a la que, por lo visto, no se ofrece resistencia en China.

Los Estados asiáticos tienen una mentalidad autoritaria. Y los ciudadanos son más obedientes

Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.

Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa. Sin embargo, a causa de la protección de datos no es posible en Europa un combate digital del virus comparable al asiático. Los proveedores chinos de telefonía móvil y de Internet comparten los datos sensibles de sus clientes con los servicios de seguridad y con los ministerios de salud. El Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Es posible que en el futuro el Estado controle también la temperatura corporal, el peso, el nivel de azúcar en la sangre, etc. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas.

En Wuhan se han formado miles de equipos de investigación digitales que buscan posibles infectados basándose solo en datos técnicos. Basándose únicamente en análisis de macrodatos averiguan quiénes son potenciales infectados, quiénes tienen que seguir siendo observados y eventualmente ser aislados en cuarentena. También por cuanto respecta a la pandemia el futuro está en la digitalización. A la vista de la epidemia quizá deberíamos redefinir incluso la soberanía. Es soberano quien dispone de datos. Cuando Europa proclama el estado de alarma o cierra fronteras sigue aferrada a viejos modelos de soberanía.

La lección de la epidemia debería devolver la fabricación de ciertos productos médicos y farmacéuticos a Europa

No solo en China, sino también en otros países asiáticos la vigilancia digital se emplea a fondo para contener la epidemia. En Taiwán el Estado envía simultáneamente a todos los ciudadanos un SMS para localizar a las personas que han tenido contacto con infectados o para informar acerca de los lugares y edificios donde ha habido personas contagiadas. Ya en una fase muy temprana, Taiwán empleó una conexión de diversos datos para localizar a posibles infectados en función de los viajes que hubieran hecho. Quien se aproxima en Corea a un edificio en el que ha estado un infectado recibe a través de la “Corona-a”  una señal de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación. No se tiene muy en cuenta la protección de datos ni la esfera privada. En todos los edificios de Corea hay instaladas cámaras de vigilancia en cada piso, en cada oficina o en cada tienda. Es prácticamente imposible moverse en espacios públicos sin ser filmado por una cámara de vídeo. Con los datos del teléfono móvil y del material filmado por vídeo se puede crear el perfil de movimiento completo de un infectado. Se publican los movimientos de todos los infectados. Puede suceder que se destapen amoríos secretos. En las oficinas del ministerio de salud coreano hay unas personas llamadas “tracker” que día y noche no hacen otra cosa que mirar el material filmado por vídeo para completar el perfil del movimiento de los infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellos.

Ha comenzado un éxodo de asiáticos en Europa. Quieren regresar a sus países porque ahí se sienten más seguros

Una diferencia llamativa entre Asia y Europa son sobre todo las mascarillas protectoras. En Corea no hay prácticamente nadie que vaya por ahí sin mascarillas respiratorias especiales capaces de filtrar el aire de virus. No son las habituales mascarillas quirúrgicas, sino unas mascarillas protectoras especiales con filtros, que también llevan los médicos que tratan a los infectados. Durante las últimas semanas, el tema prioritario en Corea era el suministro de mascarillas para la población. Delante de las farmacias se formaban colas enormes. Los políticos eran valorados en función de la rapidez con la que las suministraban a toda la población. Se construyeron a toda prisa nuevas máquinas para su fabricación. De momento parece que el suministro funciona bien. Hay incluso una aplicación que informa de en qué farmacia cercana se pueden conseguir aún mascarillas. Creo que las mascarillas protectoras, de las que se ha suministrado en Asia a toda la población, han contribuido de forma decisiva a contener la epidemia.

Los coreanos llevan mascarillas protectoras antivirus incluso en los puestos de trabajo. Hasta los políticos hacen sus apariciones públicas solo con mascarillas protectoras. También el presidente coreano la lleva para dar ejemplo, incluso en las conferencias de prensa. En Corea lo ponen verde a uno si no lleva mascarilla. Por el contrario, en Europa se dice a menudo que no sirven de mucho, lo cual es un disparate. ¿Por qué llevan entonces los médicos las mascarillas protectoras? Pero hay que cambiarse de mascarilla con suficiente frecuencia, porque cuando se humedecen pierden su función filtrante. No obstante, los coreanos ya han desarrollado una “mascarilla para el coronavirus” hecha de nano-filtros que incluso se puede lavar. Se dice que puede proteger a las personas del virus durante un mes. En realidad es muy buena solución mientras no haya vacunas ni medicamentos. En Europa, por el contrario, incluso los médicos tienen que viajar a Rusia para conseguirlas. Macron ha mandado confiscar mascarillas para distribuirlas entre el personal sanitario. Pero lo que recibieron luego fueron mascarillas normales sin filtro con la indicación de que bastarían para proteger del coronavirus, lo cual es una mentira. Europa está fracasando. ¿De qué sirve cerrar tiendas y restaurantes si las personas se siguen aglomerando en el metro o en el autobús durante las horas punta? ¿Cómo guardar ahí la distancia necesaria? Hasta en los supermercados resulta casi imposible. En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas humanas. Está surgiendo una sociedad de dos clases. Quien tiene coche propio se expone a menos riesgo. Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.

En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad. Aquí, un virus real, no informático, causa conmoción

En los países europeos casi nadie lleva mascarilla. Hay algunos que las llevan, pero son asiáticos. Mis paisanos residentes en Europa se quejan de que los miran con extrañeza cuando las llevan. Tras esto hay una diferencia cultural. En Europa impera un individualismo que trae aparejada la costumbre de llevar la cara descubierta. Los únicos que van enmascarados son los criminales. Pero ahora, viendo imágenes de Corea, me he acostumbrado tanto a ver personas enmascaradas que la faz descubierta de mis conciudadanos europeos me resulta casi obscena. También a mí me gustaría llevar mascarilla protectora, pero aquí ya no se encuentran.

En el pasado, la fabricación de mascarillas, igual que la de tantos otros productos, se externalizó a China. Por eso ahora en Europa no se consiguen mascarillas. Los Estados asiáticos están tratando de proveer a toda la población de mascarillas protectoras. En China, cuando también ahí empezaron a ser escasas, incluso reequiparon fábricas para producir mascarillas. En Europa ni siquiera el personal sanitario las consigue. Mientras las personas se sigan aglomerando en los autobuses o en los metros para ir al trabajo sin mascarillas protectoras, la prohibición de salir de casa lógicamente no servirá de mucho. ¿Cómo se puede guardar la distancia necesaria en los autobuses o en el metro en las horas punta? Y una enseñanza que deberíamos sacar de la pandemia debería ser la conveniencia de volver a traer a Europa la producción de determinados productos, como mascarillas protectoras o productos medicinales y farmacéuticos.

El presidente de Corea del sur, el tercero por la izquierda, el pasado 25 de febrero en el Ayuntamiento de Daegu.South Korean Presidential Blue House/Getty Images / South Korean Presidential Blue H

A pesar de todo el riesgo, que no se debe minimizar, el pánico que ha desatado la pandemia de coronavirus es desproporcionado. Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía. ¿A qué se debe en realidad esto? ¿Por qué el mundo reacciona con un pánico tan desmesurado a un virus? Emmanuel Macron habla incluso de guerra y del enemigo invisible que tenemos que derrotar. ¿Nos hallamos ante un regreso del enemigo? La “gripe española” se desencadenó en plena Primera Guerra Mundial. En aquel momento todo el mundo estaba rodeado de enemigos. Nadie habría asociado la epidemia con una guerra o con un enemigo. Pero hoy vivimos en una sociedad totalmente distinta.

En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas. Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo. Como en los tiempos de la guerra fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital. La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo. Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva. La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo.

Umbrales inmunológicos y cierre de fronteras.

Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.

Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa. La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad.

La reacción pánica a los mercados financieros a la epidemia es  además la expresión de aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor.

Zizek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca

Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal, y evoca un oscuro comunismo. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza. Y los turistas seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón. Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno. También la instauración del neoliberalismo vino precedida a menudo de crisis que causaron conmociones. Es lo que sucedió en Corea o en Grecia. Ojalá que tras la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como el chino. Si llegara a suceder eso, como teme Giorgio Agamben, el estado de excepción pasaría a ser la situación normal. Entonces el virus habría logrado lo que ni siquiera el terrorismo islámico consiguió del todo.

El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.

Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano que imparte clases en la Universidad de las Artes de Berlín. Autor, entre otras obras, de ‘La sociedad del cansancio’, publicó hace un año ‘Loa a la tierra’, en la editorial Herder.

Traducción de Alberto Ciria.

 

 

GENOCIDIO Y NARRATIVA

CIENCIAS SOCIALES Y LITERATURA NARRATIVIZAN EL GENOCIDIO

En los últimos decenios la narrativa ha pasado de ser una teoría bien encuadrada en términos científicos e interdisciplinarios (a través de la lingüística, literatura, antropología) a emplearse en todas las ciencias humanas y de allí al lenguaje político y periodístico. En Estados Unidos, Europa y Latinoamérica las narrativas se han convertido en un relato para apoyar discursos promocionales de ideas, medios, campañas de todo tipo. Es cada vez más frecuente el empleo del relato en términos moralistas para justificar corrientes de pensamiento o de acciones con carácter persuasivo y de manipulación. El paradigma narrativo ha tomado el relevo de los análisis sociales, económicos y políticos (Bertrand, 2019). El éxito del paradigma constituiría todo un nuevo orden narrativo (Salmon, 2007) en el que el término stoytelling se presenta como un pase libre tanto para las crónicas de los medios, análisis de televisión y los medios, el marketing y los artículos académicos.

El mundo de las ciencias sociales no es inmune al giro narrativo, incluso cuando se desciende al terreno de catástrofes humanas como el genocidio.

Dos publicaciones recientes se ocupan del discurso narrativo del genocidio: Un relato jurídico y político sobre genocidio y el derecho internacional y un relato histórico y literario sobre el genocidio en la Patagonia chilena.

El concepto de genocidio fue creado en el contexto de la II guerra mundial (Raphael Lemken, 1944) para denominar la represión de los nazis.

Bernard Bruneteau, politólogo de la Universidad de Rennes se pregunta en Genocide publicada recientemente en Francia por CNRS Ëditions – cómo definir genocidio. Señalado en 2013, Banki Moon en la Onu, como piedra angular del compromiso internacional para proteger las poblaciones vulnerables, el genocidio según Bruneteau ha perdido su significado.

El autor advierte sobre el uso inflacionario del término genocidio cuya banalización podría vaciarlo de contenido. Pero ¿cómo definir un genocidio? Es lo mismo un crimen en masa como la hambruna organizada por Stalin en Ucrania que las limpiezas étnicas en Yugoeslavia, Kurdistán, Phnom Penh, África, etc.). “¿Y cómo evitar la instrumentalización de esta noción, que a menudo se encuentra en el registro emocional en detrimento de la jurisprudencia definida por el derecho internacional?

Genocide, se divide en tres partes: Genocidio y orden humanitaria internacional; Genocidio y estrategias geopolíticas; Genocidio y competencia de las víctimas. Después de mostrar la inserción del genocidio en el orden internacional – seguido posteriormente de un largo olvido –. se analiza la instrumentalización de los Estados en la competencia victimaria ejercida por los diversos grupos internacionales.

La definición de genocidio es compleja como se ha demostrado a lo largo de los innumerable juicios humanitarios y la jurisprudencia. Entre los criterios de definición, según el autor, se hallan tres conceptos claves, la memoria (es decir, el relato y el discurso de víctimas y testigos), la historia (la investigación científica) y el derecho establecido por la comunidad internacional

 

Desde una perspectiva diferente al contexto jurídico y político internacional, Lorena López en Los pergaminos de la memoriaEditorial Cuarto Propio, Santiago de Chilese adentra en la crónica de los exterminios de las tribus de La Patagonia, el genocidio indígena de la Patagonia austral (1880-1920). El libro de López, investigadora y docente de la Universidad Austral de Chile, es la publicación de su tesis doctoral dividido en dos partes: 1. La crónica del genocidio de colonos chilenos y europeos de los indígenas pobladores de la Patagonia entre el siglo XIX y XX. 2. La representación del genocidio en la literatura chilena a través de textos, fotografías y archivos, como las cartas y documentos de los colonos exigiendo al gobierno chileno la represión (el “desbroce”) de los indígenas.

El libro se abre con el debate sobre el término genocidio que Lemkin también ya había avanzado en los años 30 en el contexto de la I Guerra Mundial, seguido del análisis del genocidio en América y en Chile, el genocidio en la literatura y la fotografía (esta última tratada en forma un tanto apresurada). Se incluyen capítulos dramáticos como La cacería y el Atlas de la devastación humana. A los indígenas se les trata como mano de obra gratis (los salesianos se beneficiaron ampliamente de una situación justificada como evangelización); como animales de caza son muertos por los colonos (justificadas por los robos en las propiedades confiscadas a los indígenas); víctimas de las enfermedades y el alcoholismo introducidos por los blancos, humillaciones físicas y violaciones sin juicios ni castigos.

Al ocultamiento y olvido del genocidio en la Patagonia austral contribuyó sin duda el cuestionamiento de las matanzas por el historiador Armando Braun Menéndez en 1939, negando los antecedentes históricos y la responsabilidad de los autores del exterminio de los indígenas de esa región. 70 años después, el historiador español José Luis Alonso reabrió el debate acusando en 2014 a un colono español como uno de los responsables de la muerte de las etnias indígenas asentadas en la zona hace aproximadamente unos 10.000 años.

Si el libro de Bruneteau hace un llamado a la responsabilidad jurídica pero también a evitar las políticas emocionales y militantistas, exigiendo el rigor de los especialistas para evitar el amateurismo, Los pergaminos de la memoria de Lorena López abren una ventana a la información y la memoria de una realidad histórica que ha permanecido oculta o manipulada, no solo para el mundo sino también para los mismos chilenos. Si el olvido total no ha sido posible se debe también a los escritores y poetas que, como se reflejan en sus páginas, supieron plasmar narrativamente la memoria de las atrocidades cometidas con los indígenas.

Citas

Bertrand, D. (2019) De la narratologie à la narrativité et retour. In Pratiques. Linguistique, littérature, didactique. 181-182

Salmon, C. (2007). Storytelling. La Machine à fabriquer des histoires et à formater les esprits. Paris : Éditions La Découverte

 

FAKE NEWS, ¿NUEVA NARRATIVA PERIODÍSTICA?

Las FAKE NEWS o NOTICIAS FALSAS se han convertido en un nuevo género narrativo al servicio del periodismo de la post-verdad.
En el mes de Junio se acaba de presentar THE CONVERSATION, un e-book de 20 textos sobre la post verdad.

 

“Dada la importancia de
los últimos dos años de la expresión
noticias falsas (y la noción de post-verdad)
es su corolario) y dado el peligro
que representa para la democracia el
clima de duda generalizada y
mentiras manipuladoras difundidas en las
redes sociales, la redacción de
La conversación Francia y los expertos
académicos que escribieron aquí fueron
movilizado para tratar de explicar el
fenómeno y abrir el camino para
luchar contra esta plaga.” (de la Introducción. Traducción mía)

LEER EN

https://theconversation.com/fake-news-et-post-verite-20-textes-pour-comprendre-et-combattre-la-menace-97807

LA PRESENTACIÓN DEL DICCIONARIO DE TEORÍAS NARRATIVAS. UN ÉXITO EN OCHO Y MEDIO

20 DE MARZO 2018

Con un público de guionistas. profesionales del cine y la televisión, profesores y estudiantes de universidad, artistas y lectores, la presentación del DICCIONARIO transcurrió en medio de un diálogo apasionado entre los presentes.

MARTES 20 TODOS A LA LIBRERÍA OCHO Y MEDIO

Martes 20 de Marzo. 19.30        LIBRERÍA OCHO Y MEDIO. Madrid

Conversación con amigos y lectores en torno al

DICCIONARIO DE TEORÍAS NARRATIVAS. CINE. TELEVISIÓN. TRANSMEDIA

Intervendrán, entre otros: Javier Fonseca, guionista y escritor; Gloría Saló, productora de televisión,;Lorenzo Torres, URJC; Elena Galán, UC3M;Paula Hergar, VERTELE; Lorenzo Vilches