MEDIASET EN LA DIANA DE LOS EFECTOS DE LA TELEVISIÓN

 

Lorenzo Vilches

MEDIASET EN LA DIANA DE LOS EFECTOS DE LA TELEVISIÓN

No hay evidencias que prueben el papel determinante de programas de entrenimiento de Mediaset en el triunfo de Berlusconi y posteriormente del Movimento 5 Stelle, como se afirma en una investigación recientemente publicada.

 En el mes de Julio los medios españoles se han hecho eco de The Political Legacy Of Entertainment Tv†, publicado en American Economic Review y difundido por algunos medios norteamericanos.

La investigación, El Legado Político del Entretenimiento TV † (en castellano) pertenece a un estudio de 2017 de los investigadores italianos Rubén Durante (Instituto de Estudios Políticos de Paris y U. Pompeu Fabra), Paolo Pinotti, Andrea Tesei (Queen Mary Universtiy de Londres).

En la publicación de la investigación se afirma que los muy jóvenes y ancianos expuestos a los contenidos de las emisiones de Mediaset antes de 1985 en Italia tenían más probabilidades de votar por Forza Italia, el partido de Berlusconi, en 1994 y durante las cinco elecciones posteriores. Además se afirma que los niños expuestos a la televisión en temprana edad son menos sofisticados cognitivamente y de escasa mentalidad cívica.

El estudio publicado por los tres autores es un trabajo de investigación importante como contribución al debate público sobre los factores socio-políticos y culturales que alimentan el populismo internacional y el papel de la televisión en el contexto de la influencia de los medios. Sin embargo, pensamos que es erróneo hablar de evidencias en los resultados tanto políticos como cognitivos.

El trabajo tiene también un importante apoyo empírico y bibliográfico aunque en mi opinión, las conclusiones finales están lejos de ser científicamente concluyentes. Se afirma en el texto de la introducción del estudio que “existe una amplia evidencia de que la exposición a noticias sesgadas en la televisión puede influir en las decisiones de votación de los espectadores” . Si se entiende como evidencia la primera definición de la RAE “Certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar”, los resultados están lejos de ser una evidencia. Si se acepta la segunda acepción “prueba determinante en un proceso”, podemos estar de acuerdo en que son pruebas de un proceso de investigación, aunque pienso que no son determinantes

En el estudio se afirma también que los niños expuestos a los programas de entretenimiento de Mediaset durante sus años de formación han crecido menos sofisticados y más vulnerables al lenguaje populista de Berlusconi en comparación con los niños que solo fueron expuestos a los programas de la RAI, la televisión pública, en aquél periodo italiana. Unos test psicológicos y cognitivos mostrarían que los espectadores sometidos a una mayor exposición de Mediaset obtuvieron entre el 8 y el 25% más posibilidades de baja puntuación en aritmética y alfabetización, y eran menos activos políticamente respecto a quienes no fueron expuesto a la televisión privada. Estas personas, tienden a emplear un lenguaje muy simple en sus comunicaciones y han votado mayoritariamente a partidos políticos populistas como Forza Italia y posteriormente el Movimento 5 Stelle.

  1. La argumentación del estudio

En resumen, los autores deducen de los resultados estadísticos una primera relación causa-efecto:

A. Entre la exposición a programas de entretenimiento de Mediaset y la votación a partidos populistas en forma continuada

Veamos la argumentación sociológica del estudio.

En la Introducción del artículo de presentación de la investigación se lee ”Existe una amplia evidencia de que la exposición a noticias sesgadas en la televisión puede influir en las decisiones de votación de los espectadores”.

Se cita a DellaVigna y Kaplan, 2007; Enikolopov et al., 2011, como referencias teóricas: El primero se refiere a la entrada de Fox News en los mercados de cable del 20% de ciudades y la participación en las elecciones presidenciales entre 1996 y 2000. En la segunda referencia se analizan los resultados electorales de 1999 en Rusia y la rebaja para el voto gubernamental por parte de los electores expuestos a la televisión independiente.

En ambos estudios se trata de programas de noticias con resultados ceñidos a contextos políticas y culturales bien diferentes entre sí. Tanto el corpus como el contexto difieren diametralmente del caso italiano. Admitido el hecho de que no existan otras variables determinantes en los votantes, ni representan un modelo generalizable ni son extrapolabres directamente al caso Mediaset.

En el análisis de Mediaset se excluyeron otras variables que habrían podido influir en el voto, tales como el nivel económico y la vivienda. Según los datos del informe, la exposición a los programas de Mediaset entre 1980 y 1990 acarreó una ventaja de 1% a Forza Italia en 1994. Pero en 2013 el sentido del voto ya no premia a Forza Italia sino al Movimento 5 Stelle que se empleó con mayor éxito en el aprovechamiento del lenguaje populista. Para los autores esto se explica porque los códigos lingüísticos que transmite el género de entretenimiento tienden a habituar a los electores a mensajes más simples, dejándolos expuestos a los movimientos populistas. Pero el significado de código lingüístico se refiere a la lengua. Para hablar de mensajes ( sean estos de noticias o de programas de entretenimiento) se deben tener en cuenta otros factores más complejos tales como funciones referenciales, cognitivas, emotivas, apelaciones del emisor. Además cuentan las forma narrativas audiovisuales, formas retóricas y manipuladoras (formas audiovisuales de presentación de los discursos, imagen y discursos de los actores políticos, las formas de los géneros del espectáculo, la música, etc.

La aparente evidencia de efectos desconoce las conclusiones de las investigaciones realizadas sobre televisión y efectos desde los años 60 en adelante. Para los autores del estudio no se trata solo de estudios correlacionales sino que sería evidente la relación causa-efecto gracias al empleo del lenguaje populista. Una conclusión que no deja de ser sorprendente porque no se ha podido probar en más de medio siglo de estudios sobre los efectos electorales que haya una relación causa efecto entre exposición a la televisión y resultados electorales. Creo que se corre el riesgo de una simplificación de los procesos complejos e interrelacionados llevando las conclusiones a un conjunto único o pequeño de factores.

Si hubiera una relación directa entre exposición a la televisión y preferencias electorales sería difícil explicar, por ejemplo, cómo a pesar de 30 años de monopolio de la televisión franquista el Partido Socialista obtuvo más de 10 millones de votos en las elecciones de 1982 constituyéndose en el primer partido que gobernó con mayoría absoluta (48.11%), con más del 52% de votos de la izquierda si se incluye el 4,02% del Partido Comunista.

Las obras de referencia citadas por los autores no son evidencias del papel determinante de la televisión en las contiendas electorales aunque refuerzan su importancia en contextos culturales y sociales.

B. Sobre la capacidad cognitiva de los adultos. El estudio se basó en datos de la OCDE sobre la capacidad cognitiva de espectadores que fueron expuestos a Mediaset en su niñez. Los investigadores afirman: “la televisión de entretenimiento tiene un impacto negativo en las capacidades cognitivas en la edad adulta, según lo medido mediante pruebas estandarizadas de aritmética y alfabetización”.

Queda por saber de qué forma se llega a las conclusiones de ese organismo si las investigaciones tanto psicológicas como cognitivas no han podido probar que la capacidad cognitiva se deba en exclusiva a los efectos de la televisión. Aún más complicado es obtener datos de estudios longitudinales. La ciencia cognitiva va más allá de las capacidades aritméticas y de lengua, y toma en cuenta una serie de variables como la memoria, el desarrollo mental, adquisiones motivacionales, aprendizaje y capacidad de tratamiento de las informaciones. etc. Ver Vilches 1993.

Para los autores del informe Mediaset existe abundante literatura en medicina y en psicología sobre los efectos negativos de la televisión sobre los niños. No hay ni muchos menos unanimidad de evidencias. Una cosa es que la televisión quite tiempo de lectura y otras actividades, sobre lo que hay un acuerdo generalizado, y otra bien distinta es que el medio actúe directamente sobre las capacidades de comprensión y memoria de los niños (Piaget, 1975) como lo demuestran los estudios sobre el desarrollo cognitivo.

Los investigadores del estudio citan a Ennemoser, Marco and Wolfgang Schneider (2007). Es el único estudio longitudinal (4 años de observación) sobre efectos en los niños. Pero se reduce a las competencias de lectura y su exposición a la televisión. En ese artículo se afirma que los programas educativos se correlacionan positivamente con el rendimiento de lectura, aunque las relaciones entre los programas de entretenimiento y el rendimiento de la lectura (la lectura de libros en el tiempo libre) fueron generalmente negativas.

En la bibliografía citada como referencias por el estudio (del que hemos comentado arriba) las investigaciones se refieren principalmente a las correlaciones entre programas de noticias y respuestas electorales, análisis de consumo y programas, y solo hay un estudio de efectos cognitivos a largo plazo referidos a la lectura. En el lenguaje de los artículos el término evidencia no es preciso. Aparte del hecho que la evidencias no requieren de la prueba, con este término los artículos se refieren a los resultados coincidentes entre exposición a la televisión. Resultados siempre ceñidos a un contexto geográfico, cultural y político bien diferenciado de la realidad estudiada en Italia.

Por tanto, parece aventurado hablar de evidencias sobre efectos de la televisión en los artículos citados. Según la RAE evidencia es “una certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar”. Claramente éste no puede ser el sentido que han expresado los investigadores italianos. E todo caso se puede estar de acuerdo con una segunda acepción “Prueba determinante en un proceso”. Podemos estar de acuerdo con esta proposición y, por lo tanto, las conclusiones del estudio pueden aceptarse como parte de un proceso de estudios sobre el tema, sujeto a la revisión y el análisis crítico. Pero no más que eso. Ni hay efectos directos de la televisión ni se pueden aislar variables como el entretenimiento o la noticias. La cultura de la recepción de los medios es más compleja.

2. La historia de la investigación sobre los efectos de la televisión y los estudios cognitivos sobre la exposición de la televisión no prueban la influencia directa del medio sobre los espectadores.

A finales de los años 60 la National Commision on the Causes and Prevention of Violence de Estados Unidos organizó el mayor estudio conocido sobre la recepción de la televisión a raíz del The Surgeon General’s Scientific Advisory Commitee bajo el mandato y los fondos del gobierno norteameriano. La investigación permitió legar un importante patrimonio de estudios sobre televisión y efectos sociales (Vilches, 1993). La investigación sociológica y psicológica sobre la violencia en televisión fue cuestionada a raiz de la nula relación de causa y efecto entre televisión y conductas violentas. Esta constación dio paso a la etapa de investigación sobre la teoría de los usos sociales de la televisión a través de las teorías cognitivas. Paralelamente, a partir de los años 70, se desarrolló la investigación sobre las formas y técnicas televisivas en los programas infantiles de orientación psicológica experimental basados en la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget (1972). En ninguna de las investigaciones aplicadas se ha podido encontrar una relación directa entre programas de televisión y comportamientos de los espectadores. Tampoco se había podido probar la relación entre la exposición a las noticias y las formas de pensar de los lectores. Entonces surgió como respuesta la teoría o hipótesis de la Agenda Setting: Los medios de información no dicen, como se ha afirmado, qué han de pensar los lectores y receptores sino que se limitan a ser un tema de conversación a través de las agendas (“los medios, al describir y precisar la realidad externa, presentan al público una lista de todo aquello en torno a lo cual debe tener una opinión y discutir” (Shaw, 1979: 101).

Las limitaciones de las investigaciones de la Communication Research y las teorías conductistas dieron paso a una reflexión crítica sobre los estudios de la recepción de la televisión y los medios a partir de los años 80.

Dayan (1992) plantea una nueva dirección de reflexión sobre la recepción formulando las siguientes interrogantes: ¿Existe una entidad de espectadores o sólo se encuentran en la mente de los investigadores? ¿Si existe un público de espectadores, saben ellos que existen? ¿Los instrumentos para estudiarlos son algo más que construcciones performativas?

Hartley (1987), para quien “los investigadores sufren el síndrome de Pigmalión”, responde que, bajo pretexto de la etnografía, los estudios recogen la palabra de unas comunidades de interpretación que previamente ellos mismo han prefabricado. Estas y otras críticas a los estudios de la recepción se pueden resumir en una disyuntiva: a) los estudios se centran en los programas de televisión, b) se concentran – con los instrumentos metodológicos – en la comunidades de espectadores olvidando estudiar la complejidad de las lecturas o interpretación de los programas.

La crítica a la noción de público ya había sido formulada por Fiske en 1978: el papel de la etnografía en los estudios de la recepción, presupone la existencia de públicos homogéneos en el que los individuos estudiados son representativos (espectador=grupo social). Pero ello conduce a desconocer la pertenencia de los individuos a una pluralidad de grupos sociales La etnografía se ocupa de las signficaciones de las prácticas discursivas que atraviesan los textos y el público e ignoran las diferencias entre esas categorías. Estas dos categorías son ficciones útiles para el análisis pero que deben desaparecer del análisis final. No se trata de públicos sino de procesos de lectura, dando entrada así a la semiótica.

Para Hartley, la noción de público es una ficción, no existe grupo social constituido como público de un programa de televisión. Su estatuto pertenece no a realidades físicas (cuerpos de espectadores) sino a creaciones discursivas.

Bibliografia sobre estudios de recepción televisiva

Dayan, Daniel 1992) (éd), “À la recherche du public”, Hermes, 11-12.

Fiske, John and John Hartley (1978) “Bardic Television”, in Reading Television,        Londres        Methuen.

Harley, John (2001) “Comedy” in Creeber, Glen (ed) The Televisión Genre book, London, British Film Institute.

Piaget, Jean (1972) Psychology of Intelligence, London: Routledge and Kegan.

Shaw, Eugene (1979) Agenda Setting and Mass Communication Theory. Gazette     (International Journal for Mass Communication Studies), Vol XXV, Nº2, 96-           105.

Vilches, Lorenzo (1993) La televisión, los efectos del bien y del mal.     Barcelona. Paidós

–––––2017 Diccionario de teorías narrativas. Barcelona. Caligrama. Penguin           Random House.