EL ABURRIMIENTO (2)

En una de las cartas, ya avanzada la obra, la protagonista le describe a su amado el estado de felicidad en que se halla: sin rivalidades ni problemas, habiendo conseguido todo lo que quería, sin nada más para imaginar ni para desear (1). Pero paradójicamente, algo extraño se produce en esta comodísima situación, que resulta perturbada por  una punzante inquietud. Una vez reconocida y saludada la plenitud feliz, se siente un desasosiego que emerge del corazón; “Soy muy feliz; la felicidad me aburre. ¿Conoce algún remedio para esta desgana del bienestar?”

  • Jean-Jacques Rousseau, Julia, o la nueva Eloísa.

La penúltima bondad, Josep María Esquirol

EL ABURRIMIENTO

Hay trabajo que en sí mismo, y con el esfuerzo que conlleva, tiene sentido. Tiene sentido hacerlo, tiene sentido terminarlo y tiene sentido descansar de él. Obviamente, hay trabajo insensato y alienador. Hay ocio placentero, paréntesis del trabajo, dedicado a la diversión , al juego, o a la contemplación… Pero hay un ocio que decae en aburrimiento y en tedio. Y tedio es la mínima vitalidad, la mínima pasión, la mínima ilusión. No es la muerte, pero sí la difuminada sombra de la nada.

La penúltima bondad, Josep Maria Esquirol

 

CINE DE MÉDICOS Y ENFERMERAS

Artículo de Pedro Cano, Catedrático  de Clásicas/ Salvador Rofes, Médico,

publicado en DICTIONARIO DE TEORÍAS NARRATIVAS

(Lorenzo Vilches. Caligrama/Penguin Random House . 2017/2018)

 

 

        

 Médicos. Ya en los Estados Unidos de la gran depresión tuvo éxito Symphony of Six Million (La melodía de la vida) (1932) de Gregory La Cava con la historia de un joven doctor, su buena fe, su desviación hacia la medicina privada y elitista y el retorno a su gente. No mucho después, King Vidor trasladó a imágenes la novela de A. J. Cronin, La ciudadela (1938). Su protagonista también se movía entre la vocación social y la tentación elitista. De la época data el personaje del Dr. Kildare (entre 1937 y 1942) en hasta diez películas cuya saga inició Los internos no cobran (1937, de A.Santell). Con la Segunda Guerra Mundial, la filmografía bélica incorpora médicos y hospitales a sus tramas, aunque el hospital de campaña por excelencia sería M.A.S.H. (1970), de R. Altman.  Antes, en Un rayo de luz (1950) un interno afroamericano mostraba la dificultad de las minorías para seguir su carrera. S. Kramer reformuló el cine “de médicos” en No serás un extraño (1955), según la novela de M. Thompson. Los hospitales —antiguos y modernos, de alta tecnología o de cuidados

básicos— componen los escenarios: aulas o habitaciones, despachos o quirófanos, salas de urgencia. Hombres que dejan huella, de D. Swift (1962) seguía la tendencia, e incorporaba una tímida subtrama sobre el aborto, un asunto que no se afrontaría con dureza hasta Las normas de la casa de la sidra (de Lars Hallström, 1999). En Los nuevos internos (John Rich, 1964), se insinuaban las relaciones entre los médicos y las compañías farmacéuticas. Se avanzaba además la presencia de la gestión hospitalaria, que iba a centrar la trama de Anatomía de un Hospital (1971) de A. Hiller, y cuyo origen histórico se había glosado en El hombre que supo amar (1978) de M. Picazo, sobre la vida de San Juan de Dios (1495-1550), diseñador de un entonces nuevo concepto de la sanidad. Habrá de pasar medio siglo para que (La fille de Brest) (La Dra. de Brest) (2016) de E. Bercot, descubra sin ambages los riesgos de los medicamentos y la influencia de las compañías farmacéuticas sobre médicos y políticos. Con Barbarroja (1965), A. Kurosawa encuadra un tipo de medicina hospitalaria rural y marginada, mediante la evolución del joven Dr. Yasumoto que por voluntad expresa de su padre inicia su formación en una clínica de asistencia gratuita, donde dirige y ejerce el Dr. Niide (T. Mifune). El novato, pasa del rechazo a la admiración, de la ambición al altruismo. Y decide quedarse allí. Kurosawa añadía, a los tópicos ya creados, las secuelas del maltrato, la vejez y la atención a los moribundos. En 1991, Doc Hollywood de M. Caton-Jones imita Barbarroja y parte de No serás un extraño en

 

tono de comedia amable. Los límites de la ética hospitalaria se reflejan en Hipócrates (2015) de Th. Lilti, que muestra de forma realista a un residente en formación que, cuando se equivoca, debe escoger entre afrontar su responsabilidad o echar tierra al asunto por las influencias que le protegen. Coma (1978) de Michael Crichton aborda los avances de la medicina en forma de thriller sobre la entonces técnica incipiente de los trasplantes y los límites éticos que exigen. Trasplantes a parte, la duda ética creó escuela y ha ocasionado películas de intriga como Extreme Measures (Al cruzar el límite) (1996) de M. Apted, o Anatomie (2000) de S. Ruzowitzky. Un tema que algo le debe a la novela La isla del Dr. Moreau, de H. G. Wells, y sus varias adaptaciones al cine. Entre las más destacadas, la versión de E. C. Kenton (1933) con Ch. Laughton; la de D. Taylor (1977) con Burt Lancaster; y la de J. Frankenheimer (1996) con Marlon Brando. En torno a la ética profesional, flota en muchas películas el tema de la soberbia médica, tratado con sensibilidad en The doctor (1991) de R. Haines, con su protagonista en situación de paciente.

 

Enfermeras. Tal vez la más adusta de las enfermeras sigue siendo la señora Ratched —Louise Fletcher— de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) de Milos Forman, con permiso de la muy perturbada Annie Wilkes —Kathy Bates— que torturaba al novelista de Misery (1990, de R. Reiner). No obstante, el personaje histórico de Florence Nightingale, fundadora del primer cuerpo de enfermeras, fue documentado en un trabajo de la de la BBC (2008), sobre la primera enfermera seglar de la historia, que repasa buena parte de lo que se sabe de ella, a partir de sus propios recuerdos. Abundan versiones de su vida, como El ángel blanco (1936) de W. Dieterle, La dama de la lámpara (1951) de H. Wilcox, que ya había dirigido la biografía de otra heroica enfermera, La enfermera Edith Cavell (1939), ambas con la misma actriz: Anna Neagle. Solo en las últimas décadas se presta cierta atención a la figura del enfermero. Al límite (1999) de M. Scorsese sigue durante tres días los esfuerzos de un atormentado paramédico, conductor de ambulancias; y el enfermero protagonista de Los padres de ella (2000, de J. Roach), y sus secuelas, debe afrontar el tono de superioridad machista que usan con él los amigos médicos de su suegro. Sin apenas presencia de

 

médicos, en Hable con ella (2002, de P. Almodóvar), Benigno, un enfermero, atiende pacientes en estado de coma. Las monjas hospitalarias constituyen también una sólida fuente argumental, de donde han salido obras destacadas como Narciso Negro (1947, de M. Powell y E. Pressburger, Ana (1951) de A. Lattuada, o Historia de una monja (1959) de F. Zinnemann. La enfermera de campaña se inmortalizó tras la obra de Hemingway, Adiós a las armas, en obras notables. Así las versiones de Fr. Borzage (1932); Ch. Vidor (1957); R. Attenborough (1996). El naturalismo trágico de las guerras, no obstante, se alcanza de forma definitiva en films como Johnny got his gun (Johnny cogió su fusil) (1971) de D. Trumbo o The English Patient (El paciente inglés) (1996) de A. Minghella, que comparten lo contradictorio de organizar la muerte sistemática y contar con la sanidad para arreglar los resultados.

Enfermedades. La enfermedad funciona en muchas películas como motor argumental y las epidemias constituyen un fatum trágico y el reto que deben asumir los investigadores. Contagion, 2011 de St. Soderbergh relata la expansión veloz de un virus ficticio, que representa el origen, desarrollo, investigación y eventual solución de una epidemia. El sida tuvo la historia de sus orígenes en And the band played on (En el filo de la duda) (1993) de R. Spottiswoode, y

 

generó obras notables como Longtime companion (Compañeros inseparables) (1990) de N. René; It’s my party (Fiesta de despedida) (1996) de R. Kleiser o Peter’s Friends (Los amigos de Peter) (1992) de K. Branagh. Representaban la destrucción de una cierta sociedad por una catástrofe inesperada (Compañeros…), el suicidio asistido para evitar un final patético (Fiesta…) y, por fin, la asunción resignada de una enfermedad que condicionaría el resto de sus vidas (Los amigos…). Philadelphia (1993) de J. Demme abordaba los derechos de los enfermos. Les nuits fauves (Las noches salvajes) (1992) de Cyril Collard y Les témoins (Los testigos) (2007) de André Téchiné, trasladaban a Francia la evolución del mal y su influencia sobre la relación entre las personas. La tuberculosis –virtualmente superada hoy – ha quedado en el cine asociada a un halo romántico que va desde las mil versiones de La dama de las Camelias de Alejandro Dumas, cuyo imagen más famosa sigue siendo la de Greta Garbo en la versión de Georges Cukor (1936), hasta la serie de títulos que tratan el famoso duelo en O. K. Corral de Tombstone entre los hermanos Earp y los Clanton, donde destaca el personaje de Doc Holliday, médico tuberculoso, intelectual y pistolero: La pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946) de J. Ford; Duelo de titanes (Gunfight at the O.K.Corral, 1957) de J. Sturges; Tombstone (1993, de G. P. Cosmatos). Molière (A. Mnouchkine, 1978) o el cineasta Jean Vigo Vigo. Passion for Life,(1998) de Julien Temple, ilustraron también la creatividad y las ansias de vivir que la tradición literaria atribuye a estos enfermos. La residencia en sanatorios ha inspirado melodramas clásicos como El otro amor (1947, de A. de Toth); El sanatorio en El torbellino de la vida (1950) de H.French; o tragedias sombrías: El mar (2000), de A. Villaronga. Documentales a parte, Pasteur (1935) de Sacha Guitry, o Dr. Ehrlich’s Magic Bullet (La Bala

 

 

mágica del Dr. Ehrlich) (1940) de W. Dieterle, habían ensayado biografías sobre los investigadores de las enfermedades infectocontagiosas. La sífilis toma un papel esencial en muchas películas biográficas como El libertino (2005, de L. Dunmore) sobre John Wilmot, conde de Rochester; Más allá del bien y del mal (1977, de Liliana Cavani), sobre Frederick Nietzsche; Memorias de África (1985, de S. Pollack) sobre Karen Blixen, autora de la novela original bajo el seudónimo de Isak Dinesen, contagiada por su marido; Duelo silencioso (1949, de A. Kurosawa), donde un médico se infesta de sífilis en un hospital de campaña. También la rabia: El mal (1966) de G. Gazcón; la peste; Pánico en las calles (Panic in the Streets, 1950) de E. Kazan; el cólera: El velo pintado (1934, 1957, 2006…); la lepra: Molokai (1959, de L. Lucía), Braveheart (1995) de M. Gibson, Kingdom of Heaven (El reino de los cielos) (2005) de R. Scott.

         Trasplantes. Los trasplantes eran solo un tema de terror o ciencia ficción hasta hace un par de décadas. Pueden considerarse precedentes las numerosas películas de Frankenstein sobre la idea de Mary Shelley entre la versión de J. Whale (1931) y la de Kenneth Branagh (1994). Los realizadores tienden a enfocar los trasplantes de modo referencial. El corazón sugiere una tensión emocional: Todo sobre mi madre (1999 de Almodóvar) o 21 gramos (2003, de A. González Iñárritu), por más que ha dado lugar a películas de acción como Deuda de sangre (1995) de Clint Eastwood o John Q. (2002) de Nick Cassavetes), que plantea además la tentación de saltarse los turnos de espera, como Inhale (2010 de B. Kormákur), donde un fiscal está dispuesto a jugarse la carrera por el pulmón que necesita su hija y tal vez no llegue a tiempo. La médula ósea sugiere una responsabilidad afectiva familiar: Medidas desesperadas (1998, de Barbet Schroeder), In love we trust (2007, de W. Xiaoshuai) Un cuento de Navidad (2008, Fr., de Arnaud Desplechin) o La decisión de Anne (EE. UU., 2009). El riñón puede suponer los mismos valores emocionales que corazón o médula. Así, Magnolias de acero (1987, de Herbert Ross). No obstante, los órganos que pueden ser extraídos de personas vivas, inspiran numerosos thrillers y cintas de terror, como Sympathy for Mr. Vengeance (2002, de P. Chan-wook). G.Franju creó en Ojos sin rostro (1959) una original premonición en clave de cine de terror psicológico sobre los trasplantes de cara, y fue referencia confesa de La piel que habito (2011, de Almodóvar). Por fin, Kazuo Ishiguro, con su novela Nunca me abandones, inspiró

 

 

Never let me go (2011, de M. Romanek). Con el antecedente directo de Coma (Cfr. supra), se aborda una distopía con “granjas humanas” para la provisión de órganos.

          La muerte. Una enfermedad terminal desata las ganas de morir con dignidad. En Empieza el espectáculo (All that Jazz, 1979, de B. Fosse), su protagonista trabaja sin descanso a la espera del infarto definitivo. Incluso, si la tragedia es vivir, se lucha para que acabe. Así se plantea en Mar adentro (2004, de A. Amenábar). El funcionario diagnosticado de cáncer de Vivir (J., 1952 de A: Kurosawa), necesita dejar una obra que justifique su presencia en el mundo; la protagonista de La habitación de Marvin (Marvin’s Room, 1996, de J. Zaks) asume su leucemia, pero recupera a su familia; el de Mi vida (My Life, de B. J. Rubin) se grabará en vídeo para comunicarse con el hijo que tal vez no vea nacer; la de Mi vida sin mí (2002, E., de I. Coixet) le busca a su marido una compañera que cubra la ausencia en su momento. El idealista moribundo de Las invasiones bárbaras (2003, de Denys Arcand), morirá en una realidad virtual que le haga creer que no ha perdido su tiempo. Planta cuarta (2003, de A. Mercero) muestra la capacidad de los niños de enfrentarse a su muerte y Amar la vida (Wit, 2001, de Mike Nichols) acompaña en la soledad de un hospital la agonía de una intelectual.

          Series. Personajes y argumentos enmarcados en la vida hospitalaria han provisto las series televisivas de más éxito. Hospital general (estrenada en 1963) – el clásico de TV por excelencia – en competencia permanente con Urgencias (1994-2009), y ganó a Dr. Kildare (1961-66), The Doctors (1963-1982), St. Elsewhere (1982-88) y al Dr. Marcus Welby (1969-1976), entre otras, mucho antes de que el Dr. House (2004-2012) sustituyera el código ético por el relativismo moral o el paternalismo, por el desafío a la muerte. Hospital Central (2000-2012), Pulseres vermelles (2011-2013, en Televisión de Catalunya), Médico de familia (1995-1999), Diario de una doctora (Männer sind die beste Medizin, 2008-2011), etc. siguen la línea en muchos países.

LA EMERGENCIA VIRAL

Byung-Chul Han

La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín

Los países asiáticos están gestionando mejor esta crisis que Occidente. Mientras allí se trabaja con datos y mascarillas, aquí se llega tarde y se levantan fronteras

ELPAÍS

22-03-2020

El coronavirus está poniendo a prueba nuestro sistema. Al parecer Asia tiene mejor controlada la pandemia que Europa. En Hong Kong, Taiwán y Singapur hay muy pocos infectados. En Taiwán se registran 108 casos y en Hong Kong 193. En Alemania, por el contrario, tras un período de tiempo mucho más breve hay ya 15.320 casos confirmados, y en España 19.980 (datos del 20 de marzo). También Corea del Sur ha superado ya la peor fase, lo mismo que Japón. Pero ni en Taiwán ni en Corea se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado las tiendas y los restaurantes. Entre tanto ha comenzado un éxodo de asiáticos que salen de Europa. Chinos y coreanos quieren regresar a sus países, porque ahí se sienten más seguros. Los precios de los vuelos se han multiplicado. Ya apenas se pueden conseguir billetes de vuelo para China o Corea.

Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía. El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco. Entre tanto también Europa ha decretado la prohibición de entrada a extranjeros: un acto totalmente absurdo en vista del hecho de que Europa es precisamente adonde nadie quiere venir. Como mucho, sería más sensato decretar la prohibición de salidas de europeos, para proteger al mundo de Europa. Después de todo, Europa es en estos momentos el epicentro de la pandemia.

Las ventajas de Asia

En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas.

Varios ciudadanos, todos ellos con mascarilla, hacen cola para coger el autobús el pasado 20 de marzo en Pekín.Kevin Frayer / Getty Images

La conciencia crítica ante la vigilancia digital es en Asia prácticamente inexistente. Apenas se habla ya de protección de datos, incluso en Estados liberales como Japón y Corea. Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos. Entre tanto China ha introducido un sistema de crédito social inimaginable para los europeos, que permite una valoración o una evaluación exhaustiva de los ciudadanos- En China no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos. Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa. Por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos. Por el contrario, quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es posible esta vigilancia social porque se produce un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil y las autoridades. Prácticamente no existe la protección de datos. En el vocabulario de los chinos no aparece el término “esfera privada”.

En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar de la cámara de vigilancia. Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos.

Toda la infraestructura para la vigilancia digital ha resultado ser ahora sumamente eficaz para contener la epidemia. Cuando alguien sale de la estación de Pekín es captado automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es preocupante todas las personas que iban sentadas en el mismo vagón reciben una notificación en sus teléfonos móviles. No en vano el sistema sabe quién iba sentado dónde en el tren. Las redes sociales cuentan que incluso se están usando drones para controlar las cuarentenas. Si uno rompe clandestinamente la cuarentena un dron se dirige volando a él y le ordena regresar a su vivienda. Quizá incluso le imprima una multa y se la deje caer volando, quién sabe. Una situación que para los europeos sería distópica, pero a la que, por lo visto, no se ofrece resistencia en China.

Los Estados asiáticos tienen una mentalidad autoritaria. Y los ciudadanos son más obedientes

Ni en China ni en otros Estados asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data. La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.

Al parecer el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa. Sin embargo, a causa de la protección de datos no es posible en Europa un combate digital del virus comparable al asiático. Los proveedores chinos de telefonía móvil y de Internet comparten los datos sensibles de sus clientes con los servicios de seguridad y con los ministerios de salud. El Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Es posible que en el futuro el Estado controle también la temperatura corporal, el peso, el nivel de azúcar en la sangre, etc. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas.

En Wuhan se han formado miles de equipos de investigación digitales que buscan posibles infectados basándose solo en datos técnicos. Basándose únicamente en análisis de macrodatos averiguan quiénes son potenciales infectados, quiénes tienen que seguir siendo observados y eventualmente ser aislados en cuarentena. También por cuanto respecta a la pandemia el futuro está en la digitalización. A la vista de la epidemia quizá deberíamos redefinir incluso la soberanía. Es soberano quien dispone de datos. Cuando Europa proclama el estado de alarma o cierra fronteras sigue aferrada a viejos modelos de soberanía.

La lección de la epidemia debería devolver la fabricación de ciertos productos médicos y farmacéuticos a Europa

No solo en China, sino también en otros países asiáticos la vigilancia digital se emplea a fondo para contener la epidemia. En Taiwán el Estado envía simultáneamente a todos los ciudadanos un SMS para localizar a las personas que han tenido contacto con infectados o para informar acerca de los lugares y edificios donde ha habido personas contagiadas. Ya en una fase muy temprana, Taiwán empleó una conexión de diversos datos para localizar a posibles infectados en función de los viajes que hubieran hecho. Quien se aproxima en Corea a un edificio en el que ha estado un infectado recibe a través de la “Corona-a”  una señal de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación. No se tiene muy en cuenta la protección de datos ni la esfera privada. En todos los edificios de Corea hay instaladas cámaras de vigilancia en cada piso, en cada oficina o en cada tienda. Es prácticamente imposible moverse en espacios públicos sin ser filmado por una cámara de vídeo. Con los datos del teléfono móvil y del material filmado por vídeo se puede crear el perfil de movimiento completo de un infectado. Se publican los movimientos de todos los infectados. Puede suceder que se destapen amoríos secretos. En las oficinas del ministerio de salud coreano hay unas personas llamadas “tracker” que día y noche no hacen otra cosa que mirar el material filmado por vídeo para completar el perfil del movimiento de los infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellos.

Ha comenzado un éxodo de asiáticos en Europa. Quieren regresar a sus países porque ahí se sienten más seguros

Una diferencia llamativa entre Asia y Europa son sobre todo las mascarillas protectoras. En Corea no hay prácticamente nadie que vaya por ahí sin mascarillas respiratorias especiales capaces de filtrar el aire de virus. No son las habituales mascarillas quirúrgicas, sino unas mascarillas protectoras especiales con filtros, que también llevan los médicos que tratan a los infectados. Durante las últimas semanas, el tema prioritario en Corea era el suministro de mascarillas para la población. Delante de las farmacias se formaban colas enormes. Los políticos eran valorados en función de la rapidez con la que las suministraban a toda la población. Se construyeron a toda prisa nuevas máquinas para su fabricación. De momento parece que el suministro funciona bien. Hay incluso una aplicación que informa de en qué farmacia cercana se pueden conseguir aún mascarillas. Creo que las mascarillas protectoras, de las que se ha suministrado en Asia a toda la población, han contribuido de forma decisiva a contener la epidemia.

Los coreanos llevan mascarillas protectoras antivirus incluso en los puestos de trabajo. Hasta los políticos hacen sus apariciones públicas solo con mascarillas protectoras. También el presidente coreano la lleva para dar ejemplo, incluso en las conferencias de prensa. En Corea lo ponen verde a uno si no lleva mascarilla. Por el contrario, en Europa se dice a menudo que no sirven de mucho, lo cual es un disparate. ¿Por qué llevan entonces los médicos las mascarillas protectoras? Pero hay que cambiarse de mascarilla con suficiente frecuencia, porque cuando se humedecen pierden su función filtrante. No obstante, los coreanos ya han desarrollado una “mascarilla para el coronavirus” hecha de nano-filtros que incluso se puede lavar. Se dice que puede proteger a las personas del virus durante un mes. En realidad es muy buena solución mientras no haya vacunas ni medicamentos. En Europa, por el contrario, incluso los médicos tienen que viajar a Rusia para conseguirlas. Macron ha mandado confiscar mascarillas para distribuirlas entre el personal sanitario. Pero lo que recibieron luego fueron mascarillas normales sin filtro con la indicación de que bastarían para proteger del coronavirus, lo cual es una mentira. Europa está fracasando. ¿De qué sirve cerrar tiendas y restaurantes si las personas se siguen aglomerando en el metro o en el autobús durante las horas punta? ¿Cómo guardar ahí la distancia necesaria? Hasta en los supermercados resulta casi imposible. En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas humanas. Está surgiendo una sociedad de dos clases. Quien tiene coche propio se expone a menos riesgo. Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.

En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad. Aquí, un virus real, no informático, causa conmoción

En los países europeos casi nadie lleva mascarilla. Hay algunos que las llevan, pero son asiáticos. Mis paisanos residentes en Europa se quejan de que los miran con extrañeza cuando las llevan. Tras esto hay una diferencia cultural. En Europa impera un individualismo que trae aparejada la costumbre de llevar la cara descubierta. Los únicos que van enmascarados son los criminales. Pero ahora, viendo imágenes de Corea, me he acostumbrado tanto a ver personas enmascaradas que la faz descubierta de mis conciudadanos europeos me resulta casi obscena. También a mí me gustaría llevar mascarilla protectora, pero aquí ya no se encuentran.

En el pasado, la fabricación de mascarillas, igual que la de tantos otros productos, se externalizó a China. Por eso ahora en Europa no se consiguen mascarillas. Los Estados asiáticos están tratando de proveer a toda la población de mascarillas protectoras. En China, cuando también ahí empezaron a ser escasas, incluso reequiparon fábricas para producir mascarillas. En Europa ni siquiera el personal sanitario las consigue. Mientras las personas se sigan aglomerando en los autobuses o en los metros para ir al trabajo sin mascarillas protectoras, la prohibición de salir de casa lógicamente no servirá de mucho. ¿Cómo se puede guardar la distancia necesaria en los autobuses o en el metro en las horas punta? Y una enseñanza que deberíamos sacar de la pandemia debería ser la conveniencia de volver a traer a Europa la producción de determinados productos, como mascarillas protectoras o productos medicinales y farmacéuticos.

El presidente de Corea del sur, el tercero por la izquierda, el pasado 25 de febrero en el Ayuntamiento de Daegu.South Korean Presidential Blue House/Getty Images / South Korean Presidential Blue H

A pesar de todo el riesgo, que no se debe minimizar, el pánico que ha desatado la pandemia de coronavirus es desproporcionado. Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía. ¿A qué se debe en realidad esto? ¿Por qué el mundo reacciona con un pánico tan desmesurado a un virus? Emmanuel Macron habla incluso de guerra y del enemigo invisible que tenemos que derrotar. ¿Nos hallamos ante un regreso del enemigo? La “gripe española” se desencadenó en plena Primera Guerra Mundial. En aquel momento todo el mundo estaba rodeado de enemigos. Nadie habría asociado la epidemia con una guerra o con un enemigo. Pero hoy vivimos en una sociedad totalmente distinta.

En realidad hemos estado viviendo durante mucho tiempo sin enemigos. La guerra fría terminó hace mucho. Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas. Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo. Como en los tiempos de la guerra fría, la sociedad organizada inmunológicamente se caracteriza por vivir rodeada de fronteras y de vallas, que impiden la circulación acelerada de mercancías y de capital. La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo. Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva. La represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo.

Umbrales inmunológicos y cierre de fronteras.

Pues bien, en medio de esta sociedad tan debilitada inmunológicamente a causa del capitalismo global irrumpe de pronto el virus. Llenos de pánico, volvemos a erigir umbrales inmunológicos y a cerrar fronteras. El enemigo ha vuelto. Ya no guerreamos contra nosotros mismos, sino contra el enemigo invisible que viene de fuera. El pánico desmedido en vista del virus es una reacción inmunitaria social, e incluso global, al nuevo enemigo. La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.

Pero hay otro motivo para el tremendo pánico. De nuevo tiene que ver con la digitalización. La digitalización elimina la realidad. La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece, y que también puede resultar dolorosa. La digitalización, toda la cultura del “me gusta”, suprime la negatividad de la resistencia. Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una conmoción. La realidad, la resistencia, vuelve a hacerse notar en forma de un virus enemigo. La violenta y exagerada reacción de pánico al virus se explica en función de esta conmoción por la realidad.

La reacción pánica a los mercados financieros a la epidemia es  además la expresión de aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor.

Zizek afirma que el virus asesta un golpe mortal al capitalismo, y evoca un oscuro comunismo. Se equivoca

Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal, y evoca un oscuro comunismo. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza. Y los turistas seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón. Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno. También la instauración del neoliberalismo vino precedida a menudo de crisis que causaron conmociones. Es lo que sucedió en Corea o en Grecia. Ojalá que tras la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como el chino. Si llegara a suceder eso, como teme Giorgio Agamben, el estado de excepción pasaría a ser la situación normal. Entonces el virus habría logrado lo que ni siquiera el terrorismo islámico consiguió del todo.

El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.

Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano que imparte clases en la Universidad de las Artes de Berlín. Autor, entre otras obras, de ‘La sociedad del cansancio’, publicó hace un año ‘Loa a la tierra’, en la editorial Herder.

Traducción de Alberto Ciria.

 

 

NARRATIVAS DE SEXO INTERRACIAL EN LA WEB

 

Reproducimos en lengua española este artículo por su valor informativo y político.

Por Bernard Andrieu (2019) “Sexe interracial sur le Web” (1)

La interracialidad sexual en la web es la mezcla de cuerpos en un acto pornográfico de personas heterosexuales u homosexuales, muy pocos bisexuales, de varios colores de piel. Desde la primera aparición, en 1972, de escenas interraciales en la película pornográfica Behind the Green Door , dirigida por los hermanos Mitchell con Marilyn Chambers, George S. McDonald y Johnnie Keyes, la mujer blanca encontraría en la interracialidad sexual una dominación de esclavitud de iniciación sado-masoquismo (BDSM) fuera de las normas … detrás de la puerta verde, por lo tanto. La película también será atacada por el grupo de supremacistas blancos The Silent Brotherhood debido a su naturaleza interracial.

El tema fue retomado en 1975 por el cineasta Richard Fleisher en la película Mandingo , una producción que forma parte del movimiento de Blaxploitation que busca revaluar el lugar de los negros , que, en el contexto meridional de la Guerra Civil estadounidense, pone en la escena interracialidad sexual entre amos blancos racistas y esclavos negros. Las escenas violentas de la explotación sexual de los esclavos y la prohibición de la sexualidad entre un esclavo negro y su amante blanca son críticas a la dominación. La película, dependientes, también describe una convivencia, una situación que se encuentra por ejemplo en caníbal Holocausto , lanzado en 1980, cuando, con el pretexto de la

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  • (1)In Gilles Boëtsch, Nicolas Bancel, Pascal Blanchard, Sylvie Chalaye, Fanny Robles, T. Denean Sharpley-Whiting, Jean-François Staszak, Christelle Taraud, Dominic Thomas y Naïma Yahi, Sexualités, identités & corps colonisés , París, CNRS Éditions: pp.107-117.

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investigación etnológica dirigido por un grupo de periodistas, sexo violento entre Indígenas del Amazonas y una mujer blanca se escenifica ampliamente.        

Los colores de la piel, confundidos con los que serían los de la “raza”, podrían participar en el mensaje universalista de la pacificación de los cuerpos por la mezcla de los sexos. El dispositivo interracial del porno en la web hace creer, por la mezcla de los colores de la piel, que las “razas blanca, negra y amarilla” existirían como una categoría ontológica y genética.[1] y no como una clasificación política de los cuerpos según su color.

La película pornográfica en la web es solo una imagen de estos deseos de inversión de las relaciones sociales, los estándares de identidad y los géneros. Fotografía erótica, el sitio web de la exposición, la obra de arte, la película experimental … tantos medios que buscan hacer visible lo que se experimenta durante estas experiencias sexuales mediante una codificación estética que es consistente. El porno interracial, que parece impulsar una mezcla extrema, es parte de lo que Paul Ardenne describe como un “imperativo de exceso, brutalidad, demasiado que gobierna y da forma a la representación” extrema “. [2]  ”.

La obscenidad de la fantasía colectiva de sumisión (más compleja de lo que parece) propuesta en las imágenes prohibiría cualquier distanciamiento según Michela Marzano: “También podemos cuestionar la calidad de ciertas fantasías puestas en escena. Por ejemplo, defender la fantasía de las relaciones maestro-esclavo mostrando a un hombre blanco y una mujer negra, ¿en qué medida es una fantasía? ¿No estamos más bien en la reproducción de una realidad histórica? Estas escenas van más allá de la fantasía y se convierten en la repetición de la humillación. Del mismo modo, en algunos videos de sado-maso, la dialéctica maestro-esclavo se reproduce utilizando las figuras de los judíos y los nazis. Nuevamente, estamos usando algo que sucedió para promover escenas que están dominadas por disfrazarse de fantasías. [3] . “

Cualquier restricción corporal sería la reproducción del modelo pornográfico de sumisión de la mujer por erección masculina. En su artículo “Difamación y discriminación”, Catharine A. MacKinnon denuncia la pornografía como un “producto masturbatorio” que permite a los hombres masturbarse cuando ven a mujeres expuestas, humilladas, violadas, degradadas, mutiladas, amputadas, atadas, amordazadas, torturadas. y asesinado    [4]  ”. Estas “imágenes  ” muestran a las mujeres que tienen relaciones sexuales y hacen que los hombres eyaculen y que “  hacen estas cosas mirándolas mientras terminan” . Disfrutar frente a estas imágenes equivaldría a transportarse mental y físicamente en lugar del hombre que domina a la mujer; la pornografía produciría peligros reales por la asimilación de la pantalla en los procedimientos, gestos y técnicas corporales utilizadas por hombres con mujeres. Los modelos pornográficos en las películas serían al mismo tiempo la proyección de la imaginación machista y racista, al mismo tiempo que se incorporarían a las representaciones masculinas del cuerpo de la mujer.

La falsa oposición entre el erotismo y la pornografía aún mantiene a las moralistas postfeministas como Sylviane Agacinski.[5] , Nancy Huston[6] y Michela Marzano [7] en la crítica de la pornografía generalizada: por lo tanto, se niega la subjetividad a los actores y actrices como a los espectadores debido a lo que sería la instrumentalización del otro cuerpo y la subyugación sexual. Sin embargo, la imagen pornográfica, la primera industria de consumo, ¿ya no era en sí misma una narración, una estructura, una ideología que regula las relaciones sociales?

El comercio porno interracial

Las ventas del sitio porno Empire para adultos nos dicen que seis de sus diez películas más vendidas son películas sobre sexo interracial  [8] notablemente con la serie Blacked . Cada minuto se ven doscientos siete mil cuatrocientos cinco videos porno en el líder de sitios porno gratuitos de Internet, Pornhub , que atrae a más de cien millones de visitantes por día. El estudio cuantitativo realizado para el año [9] de lo que se encuentra en este sitio en esta área muestra que la investigación en el área del porno interracial es realizada por mujeres como por hombres (en todo el mundo): Big Black Dick ocupa el cuarto lugar, Black in 7º y 9º japonés para búsquedas de mujeres; Las búsquedas favoritas de los hombres parecen más bien dirigidas a mujeres asiáticas con japonesas (4ª fila) y asiáticas (12ª fila). Estos resultados contradicen la tesis de un interés puramente machista en el interracial, pero confirman que la búsqueda muy estereotipada de la “  gran polla negra  ” sigue siendo la mayoría.

En 2018, el periodista Damien Mascret señaló en las páginas de Le Figaro que “en  general, los usuarios prefieren los videos con el idioma de su país. Así descubrimos que los franceses favorecen las siguientes búsquedas: “francés”, “francés”, “mamá francesa”. Lo mismo ocurre con los indios (“indios”, “chicas universitarias indias”, “sexo indio HD”), italianos (“amatoriale italiano”, “italiana”, “amatoriale napoli”) o incluso japoneses (“japoneses”, “Esposa japonesa”, “Japón”). Los alemanes miran sobre todo “alemán”, “Deutsch”, con la categoría “anal” en tercer lugar. Sudáfrica opta por “Black South African”, “Ebony” y “Black”  [10]  ”. Este “nacionalismo pornográfico” tiende a asimilar a la nación a la “raza” por la ausencia de mestizaje. En India, Indian White Porn lo hace blanqueando al poner en pantalla la piel menos negra y menos tipeada   [11] .

Robin d’Angélo testifica en su libro Judy, Lola, Sofía y yo. [12] , después de haberse infiltrado en los lugares de rodaje, y en particular los del sitio Jacquie et Michel , que los roles atribuidos a los negros todavía están en las clases sociales más bajas. Los sociólogos Gloria Cowan y Robin Campbell   [13] mostró, ya en 1994, que de cincuenta y tres películas pornográficas estudiadas y cuatrocientos setenta y seis actores y actrices involucradas, los negros todavía estaban en una posición social dominada en comparación con los blancos, obedeciendo el escenario de dominación colonial. Algunas actrices blancas se niegan a filmar con un hombre negro, como la estrella porno Alexis Texas que, en cien películas, nunca ha filmado con un actor negro y dice que no quiere hacerlo. [14]  ! La actriz afroamericana Nyomi Banxxx también informa que un actor blanco con el que tuvo que rodar una escena finalmente se retiró porque era negra y que pensó que esta escena podría hacerla perder su audiencia.[15] .

Los estudios sobre el tema en los Estados Unidos muestran que a los actores negros se les paga menos que a los blancos. Una actriz puede pedir quinientos dólares más para jugar con un hombre negro. En el caso de los contratos con grandes empresas, “  las estrellas femeninas pueden obtener $ 2,000 y más por su primera escena [interracial]” IR “, según un actor negro que pidió permanecer en el anonimato para no asociar este precio con el agencia que lo emplea[16]  ”. El sociólogo Mathieu Trachman, a través de su encuesta realizada entre 2006 y 2010 sobre la remuneración en el porno, demuestra, gracias a un corpus de aproximadamente ochenta entrevistas con actrices, actores, directores y productores, así como observaciones de filmación, que una jerarquía técnica y performativa define salarios muy variables según la escena[17] .

 

Una sexualidad racial y racista heredada de la época colonial.

La investigadora Linda Williams, presidenta de estudios de cine y retórica , de la Universidad de California en Berkeley, muestra cuánto representa políticamente la cuestión del sexo interracial, en el contexto estadounidense, los conflictos raciales en una sexualidad que es, en realidad, racial y racista [18] .

El sexo interracial en la web no revierte los códigos. El cuerpo negro siempre se exhibe, no esta vez en zoológicos humanos, sino en “sexposiciones universales” en la red. Siempre musculoso, atlético y erecto (siempre es la fantasía de lo excesivo del sexo negro que prevalece), el hombre negro domina a la mujer blanca al hacer su experiencia, cree al espectador, lo que los colonos mismos … incluso los sometidos esclavos negros.

La inversión, y no la perversión, de las “razas”, los géneros, los hábitos y las posiciones, es alimentada por la imaginación, de la cual la pornografía es solo una imagen. La instrumentalización, la sumisión[19] , la dominación, la penetración, el apego de la mujer blanca por el hombre negro dominante, parece anular los estereotipos racistas. La mujer blanca se muestra seducida y dominada por el cuerpo negro en posturas impuestas: galgo sumiso o pre-sodomitas para mostrarse en la posición de sodomía por un ano estrella. El 90% de las imágenes que aparecen en Google cuando buscamos “  porno interracial  ” representan hombres negros con mujeres blancas, a veces latinas , a menudo sorprendidas por el tamaño de estos sexos de hombres negros.

Así, la relación interracial sigue siendo una representación normativa de los cuerpos, cree Paul B. Preciado, un colonialismo patriarcal, una jerarquía racial, una masculinidad dominante, como tantas “tecnologías de poder”. [20] . La interracialidad pornográfica en la web no innova de ninguna manera, reproduce las relaciones de sexo, género y “raza” sin cuestionarlas, sin criticar los modelos hetero y homo normados, al menos en la pornografía convencional. La pornografía poscolonial no deconstruye las relaciones de “raza”. Solo invierte las posiciones, haciendo creer en la superioridad sexual del negro sobre el blanco, o en el negro más atrevido que el blanco siempre cursi o el novicio blanco.

La cuestión de la “raza” en sexualidad[21] , desde Michel Foucault, habrá hipersexualizado el cuerpo negro y el sexo ante la histerización de la mujer blanca. La mezcla sexual de los cuerpos da, a través del rendimiento pornográfico, una representación del miedo al orgasmo.[22] , el miedo al sexo negro y el de la violación de la mujer blanca. La mujer blanca histérica y en pánico frente a un pene negro desproporcionado se muestra fuera de cualquier diálogo intercultural. La interracialidad pornográfica sería el derrocamiento de la dominación blanca por la dominación negra, lo que, sin embargo, no debería ocultar las otras formas de sexo interracial presentes en la web.

Para denunciar la piel que estigmatiza y clasifica a los individuos en las teorías raciales, que la antropología también ha sabido utilizar clasificaciones antes de que la etnología y la antropología estructural denuncien el racismo , el artista Diadji Diop , nacido en Dakar, usa rojo sangre en las esculturas de estos cuerpos en lucha: “Primero, porque no quiero representar a negros, blancos o amarillos, sino a hombres, con lo que tienen en común, el color de la sangre   [23] . ” El híbrido podría ser visto como un ser menor que su esencia se comparte y se divide su cuerpo. En una jerarquía de seres vivos, por su degradación, si no por su estigmatización ontológica, hemos considerado durante mucho tiempo a un mestizo como un ser mixto e impuro. La pureza, si no de la “raza”, al menos de la apariencia dérmica ha prevalecido durante mucho tiempo en este apartheid genético que reduce la identidad del ser a sus propiedades naturales. Esta naturalización de los cuerpos hace creer en la integridad y la pureza del ser por lo que sería su homogeneidad y su esencia.

Mujer blanca / mujer negra

La dominación interracial expresada en imágenes, heredera de los códigos de la fotografía colonial , encuentra en la “queerización” de los cuerpos un pretexto para el porno interracial  [24] . Incluso en la bisexualidad gay, representada con mayor frecuencia que la bisexualidad lésbica , realizada en tríos en la web, el hombre blanco debe ser sodomizado por el negro o chupar el sexo negro mientras el otro compañero  [25] está mirando o participando activamente en la escena.

Esta lógica de Black Cock / White Slut definiría a la mujer blanca como una “puta” porque ella consentiría al hombre negro sin restricciones. Como si tuviera que sufrir por el tamaño del sexo negro o la situación. Sexo negro[26] está enmarcado y organizado para ser siempre más impresionante, ocupando toda la escena al mismo tiempo que todos los orificios, por el contraste con la piel blanca. En escenas gay , el hombre negro le da una mamada al hombre blanco más fácilmente que lo contrario, excepto en un modo de venganza, una explosión de pandillas o una secuencia BDSM.

Linda Williams demostró, en 2004, en su libro Porn Studies que Crossing the Color Line , y más particularmente la relación sexual entre un negro y un blanco, debe entenderse en el contexto de la historia del esclavo y su inversión. más o menos asumido ¿Es una venganza o una continuación del tráfico económico de personas negras en un tráfico pornográfico? Susie Bright   [27] mostró cómo las mujeres negras fueron encadenadas y tratadas como esclavas sexuales en películas pornográficas interraciales, la mayoría de las veces en un gang bang.

El tratamiento de las mujeres negras en la pornografía interracial.[28] en realidad se basa en su exclusión de las películas en beneficio del hombre negro, por esta razón, especifica Ariane Cruz, que las mujeres negras permanecen fuera de los límites de la feminidad misma, más allá de los “rangos femeninos ” Esto explica su exclusión del género, y no solo, su ubicación fuera del ” look porno normal“. [29] . El modelo de integración heteronormal de la mujer negra debería entenderse en el contexto posterior a la esclavitud del cuerpo negro.

Porno Queer: agencia interracial

Salvo excepciones fantasmales, la pornografía de “la” mujer negra sigue siendo estándar como un proceso de asimilación a la pornografía convencional . Sin embargo, el deseo interracial con las mujeres negras existe en la producción. [30] . El cine pornográfico está organizado en producciones queer que vienen a proponer modelos contra la interracialidad por parte de la agencia de artistas como Betty Blac y la asociación African American Big Beautiful Women.

Como muestra Mireille Miller-Young[31] , desde 2013, podemos anular la representación del hombre negro / mujer blanca gracias a producciones lésbicas e interraciales. Pensamos en las actrices pioneras que son Jeannie Pepper, que comenzó su carrera en 1982, Angel Kelly y Heather Hunter, que comenzaron respectivamente en 1985 y 1988. Algunas actrices se convierten en directores, como Vanessa Blue, que recibirá el primer Premio AVN (premio de cine pornográfico) en 2005 por sus tres primeras películas en la categoría de Mejor Serie de Temas Étnicos , Diana DeVoe, que hace películas lésbicas en las que la sumisa blanca debe realizar mamadas en strap-ons.

Shine Louise Houston[32] hizo un gesto político más radical al usar pornografía feminista. Con su estudio de producción Pink & White    [33] , creado en 2005, desarrolla un “  dique porno  ” (dique significa lesbiana en argot) con butches (abreviatura de carnicero – carnicero -, este término designa a las lesbianas masculinas) y andrógino para anular las reglas de interracialidad y moviéndolos sobre el tema de transgénero, a menudo presentado en el Festival de cine porno de Berlín . Nenna Joiner participa en este activismo de las minorías al producir también pornografía que es más intercultural que interracial. La etnia pornográfica se renueva así por las relaciones sexuales interraciales entre mujeres.

Si el porno lésbico queer muestra otros cuerpos, morfologías y renueva los escenarios, el porno étnico no querría parecer interracial y racista tomando prestados los modelos de interculturalidad. Los signos étnicos en los cuerpos desnudos de las mujeres indican su origen, como un pañuelo tradicional en el cabello de una mujer negra, un collar árabe, un bindi (punto rojo) en la frente, un hijab en una mujer cuyos senos son oculto por una blusa pero cuyo sexo, muy afeitado, es visible, actores con tocados y tatuajes tradicionales … Pero, para Maxime Cervulle, tal vez es el exotismo que se esconde detrás de la pantalla de “etnicidad”  [34]  ? Quizás debería verse, una vez más en una reproducción del estilo hetero pornográfico, la herencia del suberotismo del harén colonial [35]  ?

La mezcla pornográfica de cuerpos.

La mezcla pornográfica de cuerpos representados en el interracial gay y lésbico sigue siendo menos binaria que la hetero interracial, porque la mezcla de edades, géneros y colores también es la mezcla de cuerpos. Pero este mestizaje debe trabajar para deconstruir interracial como la artista multidisciplinaria Diana J. Torres nos anima, entre otras cosas, que lo hagamos en su trabajo Pornoterrorismo    [36]  : rechazo de múltiples mandatos de género, “raza” y sexualidad, rechazo de la docilidad corporal y aceptación de todos los cuerpos. Ya a principios de la década de 1980, el artista brasileño Edouardo Kac[37] había desarrollado Movimento de Arte Pornô como un movimiento experimental utilizando la pornografía como medio de expresión crítica. Estas alternativas desafían la dominación del sexo y la “raza”, pero también enfrentan la globalización de las jerarquías del porno interracial.

Este blanco / negro, homo / hetero, hombre / mujer, más que balancearse, es parte de la experiencia de usar todos los orificios durante el acto sexual. Ser doble o triplemente penetrado simultáneamente o alternativamente, multiplica los sentimientos de pertenencia y abandono corporal. La pérdida de control se incrementa por la hibridación simultánea del cuerpo. La postura (Sujeto / Objeto), el género (Hombre / Mujer), la posición (Positiva / Negativa), varían los modos relacionales, las relaciones con uno mismo y las posibilidades de estar con los demás.

Si el sujeto busca volverse diferente de sí mismo, ¿debería la experiencia sexual ser privilegiada para la hibridación de identidad? La confusión entre la identidad sexual y la identidad personal puede cegarnos al híbrido sexual porque el queer y el género son parte de reversiones interraciales, a veces completas, de posturas, posiciones y roles. Al heterosexualizar a los homosexuales, o al homosexualizar a los heterosexuales, el riesgo es perder la variación de identidad del híbrido que se puede mezclar simultáneamente, homo, bi, trans, hetero según La situación performativa.

 

 NOTES **

[1]. Bernard Andrieu, « La politique génétique du sexe », in Quel corps ?, nos 47‑48‑49, 1995.

[2]. Paul Ardenne, Extrême. Esthétiques de la limite dépassée, Paris, Flammarion, 2006.

[3]. « Trois questions à Michela Marzano sur la pornographie », 19 avril 2006. https://mauvaiseherbe.wordpress.com/2007/11/15/trois-questions-a-michela-marzano-sur-la-pornographie/

[4]. Catharine A. MacKinnon, Ce ne sont que des mots, Paris, Éditions Des Femmes, 2007.

[5]. Sylviane Agacinski, Le corps en miettes, Paris, Flammarion, 2009.

[6]. Nancy Huston, Mosaïque de la pornographie, Paris, Gonthier-Denöel, 1983.

[7]. Michela Marzano, La pornographie ou l’épuisement du désir, Paris, Buchet Chastel, 2007.

[8]. https://www.adultdvdempire.com/30/category/interracial-porn-movies.html

[9]. https://iletaitunepub.fr/2017/01/pornhub-revele-ses-impressionnantes-statistiques-et-les-mots-clefs-les-plus-utilises-selon-les-pays/

[10]. David Mascret, « Porno. Qui a regardé quoi en 2018 ? », Le Figaro, 5 janvier 2019. http://sante.lefigaro.fr/article/porno-qui-a-regarde-quoi-en-2018-/

[11]. Hélène Kessous, La blancheur de la peau en Inde. Des pratiques cosmétiques à la redéfinition des identités, thèse en ethnologie/anthropologie sociale, EHESS, 2018.

[12]. Robin d’Angélo, Judy, Lola, Sofia et moi, Paris, Éditions Goutte d’Or, 2018.

[13]. Gloria Cowan, Robin R. Campbell, « Racism and Sexism in Interacial Pornography: A Content Analysis », in Psychology of Women Analysis, vol. 18, no 3, 1994.

[14]. https://zafroland.wordpress.com/2013/02/15/lactrice-porno-alexis-texas-pas-de-noirs-pour-moi/

[15]. https://hitek.fr/actualite/industrie-porno-raciste_8817

[16]. https://www.businessinsider.com/pornography-has-a-big-race-problem-2015‑9?IR=T

[17]. Mathieu Trachman, « Hiérarchie des salaires et plaisir au travail dans la pornographie », in Ethnologie française, vol. 43, no 3, 2013.

 

[18]. Linda Williams, « Skin Flicks on the Racial Border: Pornography, Exploitation and Interracial Lust », in Linda Williams (dir.), Porn Studies, Durham, Duke University Press, 2004.

[19]. Bernard Andrieu, « Soumission », in Philippe Di Folco (dir.), Dictionnaire de la pornographie, Paris, PUF, 2005.

[20]. Paul B. Preciado, « Nos corps trans sont un acte de dissidence du système sexe-genre », in Libération, 20 mars 2019.

[21]. Abdul Jan Mohamed, « Sexuality on/of the Racial Border: Foucault, Wright and the Articulation of “Racialized Sexuality” », in Domna Stanton (dir.), Discourses of Sexuality: From Ari

[22]. Bernard Andrieu, La peur de l’orgasme, Dijon, Le Murmure, 2015.

[23]. Philippe Dagen, « Les corps rouge de colère de Diadji Diop », in Le Monde Magazine, 6 août 2011.

[24]. Maxime Cervulle, Nick Rees-Roberts, Homo Exoticus: Race, classe et critique queer, Paris, Armand Colin, 2010.

[25]. Tom M. Slattery, Immodest Proposals: Through the Pornographic Looking Glass, New York, Writers Club Press, 2001.

[26]. Jennifer C. Nash, The Black Body in Ecstasy: Reading Race, Reading Pornography, Durham, Duke University Press, 2014.

[27]. Susie Bright, « The Image of the Black in Adult Video », in Adult Video News, avril 1987.

[28]. Mireille Miller-Young, A Taste for Brown Sugar: Black Women in Pornography, Durham, Duke University Press, 2014.

[29]. Ariane Cruz, The Color of Kink: Black Women, BDSM, and Pornography, New York, New York University Press, 2016.

[30]. Susanna Paasonen, Kaarina Nikunen, Laura Saarenmaa (dir.), Pornification: Sex and Sexuality in Media Culture, Oxford, Berg, 2007.

[31]. Mireille Miller-Young, « Race and the Politics of Agency in Porn: A Conversation with Black BBW Performer Betty Blac », in Lynn Comella, Shira Tarra (dir.), New Views on Pornography: Sexuality, Politics, and the Law, Santa Barbara, Praeger, 2015.

[32]. https://shinelouisehouston.com/

[33]. http://crashpadseries.com/

[34]. Maxime Cervulle, « De l’articulation entre classe, race, genre et sexualité dans la pornographie “ethnique” », in MEI. Médiation et Information, nos 24‑25, 2006.

[35]. Malek Alloula, Le Harem colonial. Images d’un sous-érotisme, Paris, Séguier, 2001.

[36]. Diana J. Torres, Pornoterrorisme, Paris, Éditions Gutarian, 2013.

[37]. Edouardo Kac, « Manifesto Pornô », in Gang, no 1, 1980.

 

Publicado en francés en

https://achac.com/sexe-et-colonies/open_source/sexe-interracial-sur-le-web-p-107-116/

 

 

 

VIAJANDO POR LAS SERIES

“La vuelta al mundo en 80 series”

Las narraciones del mundo son innumerables y sus imágenes pueden llegar a una prodigiosa variedad de escenarios, como prodigiosa es la variedad de las historias de los hombres y mujeres.

Las dos principales vías de ocio de la gente son el viajar y ver series. Cuando no haces una, disfrutas con la otra. Las series también viajan. Cuando las historias son atrapadas en los escenarios, diferentes campos de la vida nos invitan a contar nuevas historias desde nuestras propias experiencias viajeras.

Sean paisajes bucólicos que nos comunican  armonía clásica de imágenes, ritmo y voces. Sean escenarios lánguidos de posguerra,  apartamentos solitarios y oprimentes, los escenarios de las historias en la pantalla son cada vez más ricos en sus perspectivas ilimitadas o encuadres íntimos. Uno podría viajar plano a plano, al límite  prescindiendo de la historia y personajes para navegar exclusivamente por las imágenes.

Por eso es de agradecer que La vuelta al mundo en 80 series nos permita una inmersión literaria por ciudades, calles y pueblos que forman parte de nuestro patrimonio de espectadores. Escrito por Paula Hergar y Lorenzo Mejino (Editorial LINCE), dos profesionales de los medios, expertos en ficción y fans de series de los cinco continentes, este libro se lee como una feliz guía de viajes con historias, escenarios y contingencias de centenares de episodios diarios a nuestro alcance.

RAGNAROK

Captura de pantalla 2020-02-19 a las 12.10.52 copia.pngCambios climáticos y sexuales inminentes.

La nueva serie de Netflix creada por Adam Price, (Borgen, 2010), es una ficción juvenil inspirada libremente en la mitología nórdica. Ragnarok es el Apocalipsis pagano, el final de los mundos y los dioses anunciados por las profecías. La serie está rodada en la ciudad y alrededores de Odda, Noruega, Edda en la ficción. En la realidad, Eddas son los textos poéticos e históricos del siglo XII  en donde se hallan los relatos de las aventuras de numerosos dioses de la mitología nórdica.

Ragnarok es una serie de instituto que acoge en el mismo grado a 2 hermanos recién llegados,  Magne, que sufre de dislexia, y Lauritis el hermano listo. Magne encuentra en su compañera de banco Isolde una amiga, activista ambiental a tiempo completo. La serie, como todas las de instituto, conserva los tics habituales del género: la chica guapa y sofisticada, el engreído de la clase hermano (Fjor a Isolde : “¿estás reclutando a alguien para Greenpeace?), la ambigüedad sexual. El tímido (Magne) pero sobradamente preparado; el antipático y poco fiable de la clase (su hermano Lauritis). Ya en el primer capítulo  asoman los guiños mitológicos: los extraños habitantes de Edda y una anciana que pronuncia profecías, el vuelo de Isolda, el misterio de una caverna, un caso de licantropía ritual, el martillo del abuelo  (el martillo de Thor) de Magne que desata una tormenta.