Crítica

ETHICS BLOODLINE

Lorenzo Vilches

DANNY: he pensado en volver.

JOHN: ¿Volver adónde?

D: A casa

J. ¿Por que?

—-

JOHN (Flashfoward. Mientras carga el cuerpo de Danny. En off.). No digo que sea un héroe por lo que se supone que debemos cuidar a nuestros hermanos. Para eso está la familia, y en el fondo no era el único al que estaba intentando salvar, intentaba salvarme a mí mismo, a todos nosotros.

(A final de cap. 1. Mientras John sube el cuerpo inerte de Danny a la lancha) JOHN: (en off) Voy a contarlo todo. Lo que le hicimos a nuestro hermano tuvimos que hacerlo. Por favor no nos juzguéis.

(Después de rociar a Danny con gasolina y encender la bengala. No somos mala gente. (Explota la lancha). Pero hicimos algo muy malo).

 

Toda historia de ficción tiene su propio universo de moralidad: las prescripciones morales se imponen exteriormente a los personajes de una serie o película a través de las leyes sancionadas por la justicia. La ética se ocupa de los juicios de valor, los objetivos de la acción, el proyecto identitario y la autorreflexión. El sentido ético tiene que ver con el proyecto de destino del individuo y su proyección con los valores y los otros. Pero para los espectadores, existe una doble práctica de juicio: juzgamos las acciones de los personajes de acuerdo a la moralidad sancionada por las normas. La prácticas legales de la sociedad son externas a nuestra subjetividad. Pero en la inmersión de la historia nos aplicamos a la identificación, simpatía o rechazo de los personajes, analizamos la intención y la acción de los individuos de acuerdo a nuestros propios sentimientos.

La historia de Bloodline implica una amplia inflexión de perspectivas morales. La anticipación de la historia en diversos flashforward  alimenta la trama de destinos cruzados de la familia Raybourn, propietarios de Rayburn Resort en los Cayos de Monroe de Florida.Hay un aspecto trágico en esa anticipación narrativa, bien enmarcada en las playas de Florida, de los destinos individuales de Robert, el patriarca, Sally la madre, Danny el hijo mayor, John, el hermano responsable,Meg la hermana, Kevin el hermano menor.

 

 

La visión ética de la serie se impone en una historia con destino trágico y un arco de valores quebrantados desde el origen de la familia. Todo se halla escrito en el Destino. El pacto de silencio de la memoria interfamiliar, la connivencia aceptada de valores pisoteados, el cruce de vidas en un microcosmos tan exclusivo como corrupto aflora sutilmente en las primeras secuencias en la metáfora del cadáver sin  vida entre los manglares

Bloodline se presta a una reflexión ética que oscila entre nuestra identificación con los personajes y el punto de vista moral. Aquí no analizamos la dramatización de las decisiones morales sino: a) cómo esas decisiones se narrativizan en el tiempo y en el espacio de los personajes y b) la relación entre quién es el culpable y quién es culpable (Heta Pyrhönen (2003).

La serie plantea también la interesante cuestión de la diferencia entre los códigos judicial y moral, sin que se superpongan en Bloodline. Si los agentes de policía deben ser moralmente responsables ante la ley, su vida privada dista de serlo. Si John es responsable de la muerte de su hermano, ¿es también responsable de la culpa familiar?

 

La ética de la narrativa identitaria  de los Raybourn es la reputación por encima de todo. Cada uno de los hijos se ha labrado una situación independiente aunque siempre en torno a la familia. Pero la historia de una mejora posible fracasa una y otra vez  por  la fragilidad de lo obtenido hasta ese momento: John es un respetado policía que aspira a dirigir el departamento del condado, pero la vida de Danny le vuelve insostenible mantener su reputación; Meg se ha ganado un incipiente prestigio como abogada pero fracasa en su intento de casarse y  de formar parte de un prestigioso despacho en New York; Kevin, debilitado por las drogas y la bebida, después de recuperar a su esposa, está a punto de hacerse con un gran puerto deportivo, pero  termina al servicio de un poderoso narcotraficante; Sally, desprendiéndose  paulatinamente bajo la sombra autoritaria de Robert, su marido, aparenta haber alcanzado la felicidad y bienestar junto a sus hijos y su negocio hotelero.

 

 

Finalmente, Danny, el hijo pródigo, demasiado agobiado por el desprecio paterno, demasiado cegado por el rechazo familiar que le ignora en su intento de regresar a casa, cierra la puerta de su futuro. Renuncia a luchar por él y por su hijo conformándose con la marginación familiar y la pequeña delincuencia para sobrevivir.

La moralización concierne todas las etapas narrativas de esta serie,  sobrevuela la implicación del circuito de móviles criminales de los hermanos y la extraordinaria capacidad para extender la complicidad en el entorno de relaciones afectivas y profesionales de novias, esposas, hijos, padres. John, el ángel de la guarda de la familia será el ejecutor de Danny para salvar a la familia. Sally, la madre, tratando de sobrevivir a la catástrofe familiar buscará en la bebida su propio pathos.

La escena ética de Bloodline

¿Qué es más difícil, pedir perdón o perdonar? Pongamos la pregunta en situación: un hijo pide perdón a su padre y el padre se niega a perdonar.

Rebobinemos y contemos que el padre ha decidido hace mucho tiempo quitar a Danny del testamento.

La escena clave de la serie es pues este encuentro entre Danny y su padre en el embarcadero del hotel familiar. Danny ha sido rechazado dos veces por Robert su padre. Cuando Danny, en flashback, le pide ayuda económica para poner un negocio, Robert se niega porque ya lo ha hecho muchas veces y Danny no ha conseguido nunca salir a flote por sí mismo desde que, adolescente, abandonó la casa familiar. La segunda vez es ahora, ocurre en el presente. Danny quiere volver a casa y ha solicitado a sus hermanos que intercedan  con su padre para que accede a su vuelta. Robert deja la decisión en sus hermanos sabiendo que, salvo John el mayor, su hermana Meg y Kevin son reacios a que Danny entre en casa debido a su mala reputación. Robert escucha a Danny pedir perdón, hacer las paces  y ser admitido en casa. Robert, en cambio, le ofrece un cheque para que se olvide de la herencia familiar y renuncie a volver a casa. Una respuesta insuficiente económicamente y humillante para un Danny que aún guarda un resquicio de dignidad . Este es el gran giro dramático de la serie. La sanción  implica el alejamiento territorial y la exclusión de todo derecho. Como en Antígona, la sanción es la venganza de la institución.

El mar, los manglares, las playas, los atardeceres encendidos del horizonte, escenarios privilegiados para una visión catártica: una familia que renuncia a sus ideales individuales con tal de  preservar  la cohesión familiar. Intensas y dramáticas emociones  desbordan y contaminan la esfera familiar: en el pasado,la muerte temprana de la hermana menor, la violencia paternal encubierta y asumida por todos cae sobre las espaldas del primogénto  Danny adolescente. Convertido en chivo expiatorio, el Danny adulto terminará por minar las bases de un sueño familiar de 45 años de vida en torno al hotel. Como en las historias de Shakespeare, donde los muertos enloquecen a los sobrevivientes, la trama se nutre del recuerdo de Danny expandiendo la discordia en el grupo familiar.

La tensión dramática de las tres temporadas de Bloodline va cerrando la puerta, capítulo a capítulo, a todo proyecto de sentido individual y la posibilidad de un rescate ético. Si la emoción moral del espectador puede optar por la inflexión de la reprobación, una emoción ética-disfórica nos descubre el vértigo de la aniquilación de toda tabla de valores, de la liquidación sin concesión de la felicidad (“erais una familia triste a pesar de las fiestas”, le confiesa a John su mujer), unidos por  un destino común abocado a  la reprobación social y el castigo de la ley. Pero la ley tarda en llegar y son sus propios miembros a infringirse todo tipo de sanciones: La madre niega la herencia a los hijos. Meg, la hija brillante, renuncia al ejercicio de la abogacía; John dimite de convertirse en la autoridad en el condado; Kevin, que rechaza  ser cómplice del asesinato de su hermano, termina matando al policía y ex-novio de su hermana Meg.

Danny renuncia a su familia y su propio hijo, y todos renuncian a la propia dignidad en el sálvese quien pueda final.Como explica Sally, al final solo queda el edificio del hotel, con dos hijos muertos y la hija huida. Más tarde se sabrá que incluso el hotel está destinado a desaparecer en la próxima década bajo las aguas del calentamiento global.

En la tercera temporada Meg es la Antígona sin tálamo (su hermano Kevin asesina a Marco su ex futuro esposo) que decide exiliarse de su tóxica familia. En vez de declarar contra su hermano asesino decide desentenderse de todo y de todos. Y administrarse administra en el exilio la práctica del perdón.

Meg, Kevin y John se sienten autorizados a perdonarse a sí mismos.  Una práctica autorreferencial que la familia había ido auto-administrándose desde su origen. Se trata de una ética familiar que, sustituyéndose a la institución sancionadora de la ley (toda la familia mintió a la policía por la paliza del padre a Danny, toda la familia miente para salvar a Kevin de su crimen), mantiene su propia escala de valores regida en la intimidad (contra la transparencia de la institución civil).

Robert podría haber perdonado lo perdonable (lógica de la indulgencia de quien detenta el poder de hacerlo) pero ha decidido no perdonar lo que él considera imperdonable (lógica de la severidad paternal). Podría haber perdonado en función de una lógica de futuro familiar reconciliado pero ha optado por lo sobrevenido (lógica de la no concesión). Así, desencadena  el programa de venganza de un Danny desechado y humillado. La negativa de Robert será seguida pronto por su muerte. Este es el inicio de la subtrama de asesinatos que ocurrirá desde ahora hasta el final de la serie y el consiguiente colapso familiar. Sally, la madre exclama cínicamente,  después de encubrir el asesinato Kevin : “¿Cómo hemos llegado a esto?”.

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Heta Pyrhönen (2003) “Detective Fiction”, In David Herman, Manfred Jahn and Marie-Laure Ryan. Routledge Encyclopedia of Narrative Theory .

Categorías:Crítica, serie

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